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Martín Onti: Lo más fácil

Sabemos muy bien que el ambiente del fútbol es popular, masivo y difícil de conducir en términos de convencimiento general. Cuando se atraviesan malos momentos deportivos, suele ocurrir que se hace difícil ganarle a la tranquilidad de un colectivo si estas se encierran en persas opiniones que impiden mantener el estado de equilibrio en un grupo, una institución o una federación, la que corresponda.

Cuando esto sucede, por lo general asociado a las derrotas o falta de objetivos conseguidos, lo más fácil es echar la culpa a alguien de inmediato para encontrar la satisfacción de un espacio sin turbulencias políticas dentro del ámbito laboral que permita seguir trabajando sin presiones extras. 

En parte, y en referencia a lo que ha pasado este fin de semana con el último invento futbolístico europeo, la creación de la UEFA Nations League, grandes selecciones con pedigrí como Alemania –el que peor la tiene porque desciende de categoría-, Italia, Francia y España, han quedado afuera de los 4 finalistas y no se hace extraño, por ello, encontrar ahora en cada uno de esos casos desestabilizados que el ‘señalado’ sea sólo un inpiduo. 

Primero, se hará más llevadero la reconstrucción desde los medios de comunicación, siendo esta la causa más preocupante por la llegada de la información a un público global que incide en lo económico al trascender fronteras con absoluta facilidad. El tratamiento del tema, en este aspecto, es de capital importancia para volver a tomar la vertical del problema o quedar atornillado a una desgracia de complejas soluciones.

Segundo, la capacidad del bienestar que se intenta recuperar, no se puede administrar desde una inestabilidad ingobernable. Cuando la acusación de un malestar es grupal, las defensas razonablemente deben multiplicarse y, por ende, los tiempos de bonanza tardarán más allá de lo previsto por las urgencias que exigen los tiempos contemporáneos, donde la satisfacción existencial depende proporcionalmente de los éxitos.

La suma de los inconvenientes a veces conlleva el estudio de a quién ‘ajusticiar’, siendo en la mayoría de las ocasiones el técnico y dependiendo de si el consejo del patíbulo le baja el pulgar a él o se decide por un jugador como mejor alternativa al foco del problema.

En Alemania, la cabeza de Joachim Löw parece tener los días contados. En Italia la corta era de Roberto Mancini tiene aún tiempo de confianza. En Francia, Didier Deschamps todavía pasea la Copa del Mundo y ese crédito durará hasta la próxima crisis al menos. España, y a esto iba, parece decidirse por Sergio Busquets sin analizar, como en el FC Barcelona, que no es él el culpable directo, sino el sistema del fútbol actual que no genera tiempo suficiente de necesario descanso para los que pierten a las gradas del Coliseo.

Martín Onti

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