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Martín Onti: Humano hasta lo inhumano

Si nos preguntamos hasta dónde se pueden soportar los límites, nadie podría darme una respuesta concreta asegurando un preciso momento con exactitud. Nosotros mismos hemos llegado, en muchas ocasiones, a sobrepasar lo que creíamos era la frontera del dolor o por llamarle de alguna manera, la rotura de la línea de lo que entendemos por bienestar.
 
Pues bien, ayer tuvimos 2 partidos de la Europa League en Alemania -en esta nueva modalidad exigida por las circunstancias para dirimir el campeón de la temporada- en la que 4 equipos de fútbol jugaron sus cuartos de final correspondientes para acceder a semifinales en apenas unos días, y esperar que en otros tantos sean los agraciados para jugar la finalísima de este torneo de la UEFA.
 
En realidad, y habiendo visto los dos partidos de anoche en Dusseldorf y Colonia respectivamente, ‘agraciados’ es la palabra exacta para definir a quienes lleguen a disputar el juego final. Justificar este ‘quasi’ despropósito, nos conduce a preguntarnos qué tan humano puede considerarse que en pleno verano europeo, con temperaturas asfixiantes inclusive a las 9-10 de la noche, se pueda jugar al fútbol y con un tipo de exigencia que va más allá de lo admisible.
 
El partido del Inter de Milán frente al Bayer Leverkusen germano, si bien concluyó en los 90 minutos reglamentarios con la victoria de los lombardos, nos dejó una imagen de cansancio en nuestros cuerpos sólo de haber visto por televisión el juego. Describirles con detalles el agotamiento que trasmitían todos los jugadores tras la victoria de los italianos sobre los alemanes, sería un ejercicio de descriptiva escrita que sólo de pensarlo me deja sin aliento.
 
Si imaginado el escenario de Dusseldorf, lo comparamos al de Colonia, donde sumando 30 minutos al encuentro en el que Manchester United termina venciendo a través de un penalti al Copenhague, puedo invitarles a revisar el video del mismo y observar cómo al término de los 120 minutos, el derrumbamiento de algunos futbolistas sobre el césped deja ver una preocupante extenuación física y muecas de tormento en sus rostros.
 
Humano hasta lo inhumano. Debe ser que los nuevos tiempos nos van entrenando para adaptarnos -esta vez desde la óptica futbolística- a que los esfuerzos abandonen los antiguos límites y que, estos, ya no sean reconocibles para quienes teníamos un antiguo concepto de lo soportable. En este sentido, desconocemos los alcances de la real capacidad humana y Colonia nos espera hasta el 21 de agosto para seguir descubriéndola.

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