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Martín Onti: David De Gea

Sólo esto le faltaba a David de Gea. Como si nada anormal estuviese pasando en su vida, viene y le toca el difícil ejercicio de definir, justo a él que no está para esas cosas bajo condiciones límites. El portero español del Manchester United ha sido siempre un acompañante perfecto para las mejores ocasiones, pero definitivamente no para generarlas.

Lo de anoche en el Arena de Gdansk pasará a su historia personal y a la del fútbol que recordaremos por años, como una de los hechos más aciagos de su carrera deportiva. Los astros alineados parecieron ponerse de acuerdo para que una vez más el buenote de David sucumbiera ante su propia condescendencia.

Ni decenas de situaciones hubiesen imaginado este final de la UEFA Europa League con una escenografía tan inesperada, donde los penaltis llegarían a ser la trama principal de una historia increíble. Nadie hubiese tenido el atrevimiento de pensar que la definición de este título tendría tan caprichoso desarrollo. Con todos los jugadores de campo habiendo convertido sus disparos desde los 11 metros, los porteros tuvieron que ser los jueces.

Ni siquiera a medida que progresaba la tanda de penaltis, nos imaginábamos a Gerónimo Rulli y a David de Gea siendo los encargados de repartir la alegría o la tristeza en una noche impensada. Sólo después de las ejecuciones de Pau Torres y Víctor Lindelöf, la utopía se convertía en realidad y muchos presagiábamos lo que llegaría a continuación.

No se podría hablar de fútbol en sí como justificante de un resultado ya escrito. Sí podría valer la pena decir que el equipo de Ole Gunnar Solskjaer apareció como más seguro de su juego y con mayor autoridad para imponerse al esfuerzo de un grupo que fue creciendo en su propuesta futbolística con el transcurrir del mismo, y que el tiempo extra demostró un fondo físico superior de los españoles sobre los ingleses hasta que llegó el momento de los penaltis.

Entonces fue que comenzó el vía crucis de este tipo de definiciones donde la fortuna casi siempre termina inclinándose hacia un lado. A la suerte también se la ayuda, Rulli no pensó, apuntó entre los tres palos y su envío se clavó en el ángulo superior izquierdo de De Gea. David pensó, y él no está para eso.

Martín Onti

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