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El entrenador del Paris Saint Germain Unai Emery (i) durante el partido de ida de octavos de final de la Liga de Campeones que Real Madrid y Paris Saint Germain juegan esta noche en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. EFE

Martín Onti: Unai Emery sigue sin aprender

MADRID, España.- Hay personas que jamás aprenden las lecciones a que la vida nos enfrenta. Unai Emery es evidentemente una de ellas. Lo decíamos en la previa de este Real Madrid-Paris Saint-Germain y lo afirmamos concluido el mismo. La pesadilla en la que esta misma escuadra gala está inmersa desde aquel partido frente al Barcelona, desde la edición pasada de la Champions League, de nada le ha servido a los franceses para despertar a la dura realidad de esta noche en el Santiago Bernabéu.
 
 
En realidad el conjunto de Zinedine Zidane, en el análisis más claro a lo largo de los 90 minutos, no dejó de proponer un juego apenas mediocre. De épico, como en otras ocasiones, no hubo nada. Ganó el Madrid solamente por la complacencia del PSG y porque quien impulsa las órdenes desde el banquillo no supo imponer nunca una personalidad ganadora a los suyos.
 
Impávido tras la línea de cal, Emery esconde un carácter que no arroja más que sombras sobre sus dirigidos. La confianza de los parisinos descansa en Neymar, Mbappé y Cavani, y el día en que alguno de ellos no funciona, la magia que vierten felizmente en un fútbol de segunda categoría, como es la liga en donde mandan categóricamente, desaparece de raíz en el líder del fútbol francés ante retos de marcada seriedad.
 
 
Cuando a pesar de ejercer un dominio subliminal muy claro, los galos aminoraron su presión ofensiva, el adversario renació del abismo en que su espíritu lo mete cada tanto esta temporada y volvió del más allá empujado y espoleado por el propio PSG, similar a como lo hizo la Real Sociedad el fin de semana pasado en la liga española. No hubo mayúsculos méritos en los blancos sino considerables falencias en los rivales que le impulsaron a decidir el encuentro a su favor, y al Real Madrid no se le tienta de esa manera.
 
Tanto como Eusebio Sacristán o peor porque ya estaba advertido, Unai Emery no supo reconducir errores, graves alguno de ellos como la continuidad de Giovanni Lo Celso en el campo de juego, y dejó que el destino tocara a su puerta de nuevo como meses atrás lo hizo el Barça en el Camp Nou por este mismo torneo. 
 
No puede decir el técnico español de los parisinos que no estaba enterado de lo que podía ocurrir en la capital española, sin embargo, volvió a cometer las mismas fallas de transmisión de valores que deben respetarse. Más allá de lo futbolístico, esto era, es y será una eliminatoria en donde la actitud es esencial para soñar con la final de Kiev, algo que Emery parece no saber, o no poder contagiar a sus futbolistas. Al menos eso ha quedado claro por ahora.
 

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