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Martín Onti: "Sin excusas para Pep"

MADRID, España.- Haber quedado eliminado nuevamente en las instancias finales de Champions League es, definitivamente, un fracaso rotundo para Josep Guardiola. Nada puede ser dicho en su defensa porque nada se podría decir para cambiar la historia ya escrita. No se puede admitir, bajo las condiciones que sabemos el técnico catalán tiene al comando de una entidad como el Manchester City, que la eliminación de su equipo ante el Tottenham Hotspur deba ser aceptada sin analizarla.

Él, justamente Pep Guardiola, ya se había quedado sin margen para ‘escaquearse’ de la gloria que obligadamente debía entregar al conjunto del Etihad esta temporada. No se puede justificar desde ninguna perspectiva viable esta nueva eliminación ante los mermados Spurs de Mauricio Pochettino. Esa es simple y llanamente la verdad que permite y acepta, hasta donde cabe, la lógica del fútbol.

Escudarse ante la relatividad que este deporte contempla, ante la fortuna esquiva y caprichosa que ocasionalmente castiga a los perdedores sin una explicación de justificaciones claras, le valdría a Guardiola para esgrimir que el resultado de estos cuartos de final en la máxima competición mundial a nivel de clubes, ha sido un despropósito del destino. Y si así fuese, les aseguro que no quedaría bien parado.

Pep tiene todo lo que pide en los ‘Citizens’. Requiera lo que requiera se le otorga casi como mandato divino, un deseo suyo es casi una orden para los Jeques. El dinero, el poder, y todo lo relativo a las inversiones, con o sin sentido dependiendo de quién opine, son una ejecución casi inmediata de sus pedidos, por ello esta derrota en Champions League es inadmisible se justifique como se pretenda justificar.

Sabemos, y entendemos, que la realidad no es matemática pura, pero, en fútbol las oportunidades no pasan cada día y cuando estas se desperdician la guillotina pende de un hilo muy fino, demasiado fino. El fútbol es un negocio, una empresa que necesita imperiosamente éxitos, vive de ellos, se alimenta de las conquistas y mientras más valiosas sean estas, más tiempo se gana en el control de situaciones, en posibilidades de ejercer el poder. De eso se trata a todo nivel.

La jerarquía, que con el paso del tiempo se ha sabido ganar Josep Guardiola, no puede ser discutida. Seríamos necios de negar sus dotes de eximio entrenador. Es un muy buen estratega, pensante, estudioso, trabajador obsesivo al punto inimaginable para que el funcionamiento correcto de sus equipos sea casi perfecto, pero, a veces, esto no basta cuando lo inexplicable intercede entre la lógica y lo asombroso.

Algo de esto ocurrió esta noche en el Etihad Stadium entre el Manchester City y el Tottenham Hotspur. Lo inexplicable no puede ser analizado por el intelecto. No existen las razones donde lo que impera es lo mágico, y es allí donde sólo vale aceptar que los hechos no tienen, en ocasiones, comprensión desde la lógica, aunque la imponga el VAR.

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