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Foto: Getty Images.

Martín Onti: Ser o no ser

El ser o no ser de cada uno demuestra el afán por superarse cuando las cosas no salen todo lo bien que uno ha planificado algo. Dar de sí mismo lo mejor en tales circunstancias, está siempre condicionado al espíritu de superación a que se debe entregar uno en situaciones límites, cuando sólo el esfuerzo supremo provoca que se pueda corregir un destino o se falle en el intento.
 
 
El fútbol se presta a las más variadas interpretaciones en la entrega que un jugador pueda tener en un partido, y existen modelos de futbolistas que ejemplifican con sus actuaciones a lo largo de sus carreras deportivas que lo que digo encierra una verdad irrevocable.
 
Sin tener en cuenta la habilidad innata o la calidad técnica que un futbolista pueda traer de la cuna, hay casos que nos demuestran que la esencia con que han nacido algunos hombres les llevará a ser líderes indiscutibles para tirar de un grupo donde hay compañeros de cierta debilidad mental que están acostumbrados a que otro tire del carro.
 
 
En partidos como el que vimos esta semana por Champions League y que disputaron los dos mejores equipos del fútbol español, con permiso del Atlético de Madrid, tuvimos una prueba de lo dicho.
 
El Barcelona ante el Manchester City en Inglaterra y el Real Madrid ante el Legia Varsovia en Polonia, dejaron al descubierto que cuando hombres de la talla de Gerard Piqué y Sergio Ramos no están sobre el terreno de juego para conducirles desde lo anímico y presencial, la sensación de orfandad espiritual se hace más inevitable que nunca.
 
Los dos equipos españoles tenían, de haber estado alguien que les guiara desde lo que no se ve, sus respectivas victorias aseguradas. Sin embargo, los azulgranas sucumbieron ante los resucitados ‘citizens’ y los blancos lograron un empate agónico ante un conjunto varsoviano que dista un mundo en comparación futbolística con los de Zidane.
 
 
A veces el fútbol se juega con estrategias y tácticas respetadas, otras con un dejo de propuesta física que reemplaza a la desvalorización técnica, pero, cuando se juega sin el corazón y con el desgano como herramienta principal, no hay excusas que sirvan para justificar a equipos que por el valor de sus figuras tienen la obligación moral de entregarlo todo sobre el césped.
 
Martín Onti

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