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Foto: AP

Martín Onti: Semana Santa

MADRID, España.- Si alguien se considera un mentiroso siendo cristiano, Cristiano Ronaldo por ejemplo, al menos en vísperas de la semana santa debería abstenerse de incumplir con la verdad. Ayer, tras el partido de Múnich, el delantero portugués volvió a irrumpir con su característica soberbia aludiendo a su resurrección futbolística tras un buen tiempo de ostracismo goleador.
 
 
 
 
En algo tiene razón el ariete luso del Real Madrid cuando contraataca a sus detractores, y de hecho sus 100 goles en competiciones europeas están allí para tapar la boca del osado critico que él ve como queriendo defenestrarlo del trono en el que sigue subido, con o sin justificadas razones en la actualidad.
 
Bien, es cierto que ayer marcó el doblete que le dio al conjunto de Zinedine Zidane el triunfo inobjetable, pero, también es real que desperdició alguna que otra oportunidad de haber sentenciado esta eliminatoria. Mérito de Manuel Neuer o del desmérito de los hombres de ‘Zizou’, el Madrid ganó pero no decapitó al enemigo cuando pudo haberlo hecho, y en cierta medida Cristiano Ronaldo fue el culpable de ello.
 
Por lo tanto, si CR7 pregunta desafiante quiénes éramos, o somos, los que dudaban de su capacidad actual, vuelvo a ponerme en esa lista que le hemos marcado el declive de su juego productivo, porque en el Allianz Arena de la capital bávara Cristiano Ronaldo volvió a reavivar, por momentos, al goleador que fue en su prolífica carrera deportiva.
 
 
 
 
Concretamente, ante el Bayern de Múnich, el Madrid y su figura estelar, debieron esperar a que el equipo de Carlo Ancelotti estuviese desquiciado moralmente primero, y futbolísticamente luego, para conseguir la apretada victoria que lograron, siendo que en esas mismas condiciones un Real Madrid de otros tiempos no muy lejanos, hubiese causado una hecatombe sin precedentes en el campeón germano.
 
El horror del penalti desperdiciado por Arturo Vidal, sumió en el desconcierto anímico a los de Ancelotti, y a partir de allí, como en una reacción mortífera en cadena, fueron sucediéndose las causas para que los alemanes se rindieran ante los españoles a pesar de Neuer. La expulsión de Javi Martínez; la desazón de Jeròme Boateng junto a Xabi Alonso y Thiago Alcántara en el sector defensivo central; la inconsistencia de sus laterales Philipp Lahm y David Alaba tanto en defensa como en ataque; la inoperancia total de Franck Ribéry y Arjen Robben, dormidos en la segunda parte como velando el sueño en el que había ingresado Vidal tras su penalti fallido; y la impotencia de Thomas Muller hundido en la soledad del destino anímico que ni siquiera la prodigiosa tarea de su portero pudo reflotar, fueron las causantes principales de esta conquista blanca.
 
En ese ambiente de debacle bávara, el Real Madrid apenas si pudo imponerse por la mínima diferencia y, claro está, Cristiano Ronaldo marcó los dos goles. La victoria, y poco más, le sirven al luso para regresar a los brazos de esa soberbia que un día terminará condenándole definitivamente si no acepta la realidad… justo en tiempo de confesiones y perdones.
 
 

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