Horarios

Dom.Sep.26 1:30 PM EDT
Dom.Sep.26 11:30 PM EDT
Dom.Oct.03 1:30 PM EDT
Dom.Oct.17 1:30 PM EDT
Dom.Oct.17 5:55 PM EDT
Sáb.Oct.23 9:00 PM EDT
Dom.Oct.24 1:30 PM EDT
Dom.Oct.31 2:30 PM EDT

Martín Onti: Roma, eterna Roma

MADRID, España.- Era de esperar, este Barcelona denunciaba en los últimos dos meses lo que sucedió este martes en Italia. Este es el verdadero equipo que entrena Ernesto Valverde. Soberbio como el triunfo que se creía tener atado y deshonesto con la entrega espiritual que debería haber sido su herramienta principal para aspirar a semifinales de Champions League, algo que no logró una vez más. Un fracaso más en la máxima competición europea que no nos sorprende en absoluto.
 
 
Le tocó al Olímpico de la capital italiana, esta temporada, ser el ataúd para una escuadra desangelada como lo ha venido siendo al menos durante los pasados 60 días el conjunto azulgrana. Con una fortuna descomunal en la liga española, pero que dejaba secuelas de flaquezas que florecieron esta noche en Roma ante la ejemplar presión de los dirigidos por Eusebio Di Francesco, el Barcelona mostró su real esencia.
 
Dueños de algo por lo que jamás el Barça podrá ser distinguido, la Roma salió a matar o morir... y terminó matando en su propio fuero. En esa arena que solamente entiende que dejarse la piel es lo que vale y donde sólo son bienvenidos los guerreros que no flaquean cuando lo suyo es luchar hasta dejar la última gota de sangre, los azulgrana se desmoronaron. 
 
 
Los del ‘Txingurri’ Valverde no entienden de sacrificio límite, sobre todo cuando la interpretación de la realidad tiene una lectura equívoca macerada bajo la permisividad de un entrenador que está viendo venir una situación de final predecible. Todo el mundo del fútbol, quien entienda algo de este deporte me refiero, pudo leer claramente esta noche en la Ciudad Eterna que el Barcelona corría un riesgo de espanto, de una casi segura remontada que comenzó a flotar en el ambiente desde el minuto 6 del partido.
 
La Roma debe haber jugado su mejor encuentro de la temporada, muy probablemente que así sea, pero la ayuda de los catalanes fue fundamental para que ello ocurriera. Con una parsimonia preocupante en todas sus líneas, los de Valverde se prestaron a la inquietud de los romanos para acceder a esta instancia que rememora las mejores épocas de los que hoy bravamente conduce Di Francesco.
 
 
Lo de ‘bravamente’ viene a colación de asumir riesgos que eran necesarios para llegar a donde llegaron los italianos y, en esto, el trabajo mental previo del técnico italiano con sus hombres ha quedado de manifiesto. No se vuelve del más allá en el que estaba la Roma si no se tiene de sobra lo que Valverde no puede trasmitir a los suyos. No existen excusas, por más que se pretenda pintarlas con los mejores colores.
 
Hay partidos y partidos, en Can Barça lo debieran saber de memoria y sobre todo cuando un juego es determinante como el del Olímpico. El planteo fue de ilusos, esperar a que transcurra el tiempo para hacer valer un resultado que fue dadivoso en el Camp Nou y por el que ya se había pronunciado en contra el mismísimo culpable de este fracaso, incluso lamentando no tanto el resultado sino el juego de aquella liviandad futbolística a pesar del categórico 4-1 de la ida.
 
Una penosa gestión de Ernesto Valverde al frente de unos jugadores no menos penosos en la lastimosa puesta en escena de su técnico. El Barcelona descubre finalmente que la fortaleza espiritual no es su punto más fuerte, sino todo lo contrario. Roma y su historia, la de sus piedras y conquistas imperiales, han sido demasiado hoy para este proyecto de equipo que fue un año más el FC Barcelona en Champions League.
 

Tags: 

¡Obtén lo mejor de telemundo deportes!