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Martín Onti: Más Champions League

Dando un repaso al inicio de la segunda jornada de Champions League de este martes, uno llega a la conclusión de que se nos está faltando el respeto tan abiertamente que no podemos sentir más que una agria mezcla de rabia y vergüenza ajena.

Trataré de ser sintético y enfocarme en lo más trascendental de lo acontecido no yendo tan lejos detallando el varapalo que sufrió el Porto ante el Liverpool de Jurgen Klopp. Una victoria inglesa, que habla más allá de los 5 goles endosados al conjunto portugués a las mismísimas orillas del Duero, y que vuelve a poner en la candidatura a un equipo en supuestas horas bajas aunque lo apropiado debería ser remitirnos a la prudencia.

Ya que hablamos de prudencia, entraremos en un campo más asequible a nuestra rutina diaria. La marcha de equipos que conocemos más por una cuestión emocional, y aquí incluimos evidentemente al PSG de Lionel Messi y al Manchester City de Pep Guardiola. Semejanzas cognitivas e intereses históricos nos unen para hablar con mayor propiedad de este partido por cercanías sentimentales.

En el Parque de los Príncipes el partido fue uno y el resultado otro. Coincidentemente también fue así en el Santiago Bernabéu y en San Siro. En el primero, el Real Madrid perdió ante un desconocido, hasta hace poco, equipo moldavo, y en el segundo, el Milan dejó ir un resultado ante el Atlético de Madrid cuando expiraba el juego en la capital lombarda.

Si vamos a hablar de fútbol, lo lógico siempre ha sido anteponer la relatividad al absolutismo, pero viene a ser que nadie –o muy pocos- lo intentan aclarando de antemano este tópico prioritario que propone el este juego.

El PSG ganó en París porque fue menos imprudente que el City y más efectivo en las escasas posibilidades de que dispuso para triunfar. El equipo de Guardiola demostró una alarmante falta de efectividad e inteligencia para desenredar la telaraña de Mauricio Pochettino. No convendría, por respeto precisamente, hablar del partido de Lionel Messi, ahora reconvertido a hombre apostado en el suelo por detrás de las barreras en tiros libres del adversario.

En Madrid, el equipo de Carlo Ancelotti no entendió, todavía esta mañana en Valdebebas no lo comprendía, que los partidos deben jugarse siempre con el alma de costumbre y jamás desestimar al rival, por más que este se llame el Sheriff Tiraspol. Puede que hayan aprendido algo anoche en el regreso del alemán Toni Kroos a la titularidad.

En Milán, los errores se pagan sin importar merecimientos y Stefano Pioli deberá comprender ahora que en el campo de la indignidad, entendida como método de subsistencia, Diego Simeone tiene más tablas que él. La sangre fría cuenta a la hora límite y aquellos ruegos del ‘tiempo atrás’ del baloncesto que implora para el fútbol, deben pasar a segundo plano cuando lo importante es ganar.

Esta noche juegan el Barça en Lisboa ante el Benfica, el Sevilla en Alemania ante el Wolfsburgo y el Villarreal de Unai Emery visita Old Trafford. El resto tiene su interés acotado para nosotros por estos parajes.

Martín Onti

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