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Martín Onti: La oda de París

PARÍS, Francia.- Se puede aceptar el excelente planteo de Unai Emery; la compenetración y respeto al sistema que tuvo el Paris Saint Germain en defender su juego; la entrega sin renuncias; el acierto de cara al gol; y tanto la confianza en los dotes a nivel individual de grandes futbolistas como en la estrategia grupal que tuvo el PSG para ganarle al Barcelona en el propio Parque de los Príncipes de París, allí donde el enamorado del fútbol fue el conjunto local.

En cambio, lo que de verdad no se puede admitir, es lo que mostró desde el arranque del cotejo la escuadra de Luis Enrique Martínez. Jamás los catalanes salieron de su letargo y terminaron sucumbiendo por un categórico, y creo yo definitivo, 4-0 que los apea de la Champions League una temporada más.

Desde los futbolístico, el análisis choca rotundamente contra un muro infranqueable de conclusiones que sentencia al FC Barcelona. Nadie, excepto por momentos Marc-André ter Stegen y si acaso muy poco de Neymar, se salva de una actuación paupérrima, plena de mediocridad táctica y técnica cuando debemos hablar de la profesión que defienden. La peor actuación desde la perspectiva del balón que le hayamos visto a este hoy ‘desquiciado once’ de Luis Enrique, la pudimos presenciar esta noche en la capital gala.

 

Desde lo anímico, el alma faltó a la cita de todos los componentes azulgranas. Fue iniciarse el encuentro y desaparecer de la escena, de golpe, sin previo aviso y donde ni siquiera hubo retiro pausado. El pundonor abandonó los cuerpos de esos fantasmas culés que salieron al terreno de juego, y así deambularon a lo largo de esos vejatorios 90 minutos con la vergüenza como estandarte.

El PSG de Emery perdió esta noche una ocasión única de hacer historia ante este desconocido grupo de jugadores azulgranas, curiosamente hoy vestidos con un verde neón esperanza, de la que muy poco les debe quedar pensando en dar vuelta este resultado en el Camp Nou. Pudo haber goleado humillantemente al Barça y, sin embargo, le perdonó la mejor posibilidad de aniquilarlo deportivamente que ha tenido en el historial de sus enfrentamientos.

Lo que hoy vimos de cada jugador del Barcelona, exceptuando en una mínima medida a su portero germano y su atacante brasileño, es proporcional a la desazón que debe sentir el aficionado catalán que vio como su divisa fue una lágrima verde rodando por el inmaculado césped parisino.

La oda de amor, al son del canto de su público en el día de San Valentín, la interpretó de principio a fin el PSG, un casi seguro candidato a llegar a la final de Cardiff después de esta exhibición frente a un desvergonzado y ramplón Barcelona de Luis Enrique.

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