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Martín Onti: La mente de Thomas Tuchel

Para un entrenador, conocer a sus futbolistas es tan esencial como entender el juego. Nadie podría trascender profesionalmente dirigiendo a un equipo sin comprender la totalidad de lo que tiene bajo su cargo. Los objetivos en el fútbol cuentan con muchas alternativas que un técnico debe saber amalgamar. Esto es, sobre todo, estar en control de una verdadera simbiosis para llegar al éxito.

Cuando un estratega se hace cargo de un club, este llega con un proyecto patrón que, desde lo técnico, se ha repasado en infinitas ocasiones. Queda entonces, poner en práctica ese ‘don especial’ que quienes dirigen grupos de gente en búsqueda de objetivos deben poseer sí o sí. Aquellos que no dispongan de esta capacidad, deberán saber que es muy posible que estén destinados al fracaso.

Thomas Tuchel lo debería saber de memoria a esta altura de su carrera. Llegó al punto infranqueable que redactaba su Curriculum Vitae en el Borussia Dortmund. Más de lo mismo le siguió en su destino que le esperaba a golpe de fortuna en el Paris Saint-Germain; y el Chelsea comienza a dejarle en evidencia tras la aciaga noche de Valdebebas por la ida de semifinales de la Champions League.

Para comprender este punto de vista, sirve aquí poner sobre la mesa de la disección analítica el trabajo de sus dirigidos ante el Real Madrid de Zinedine Zidane. Tuchel jamás comprendió el momento del juego, no quiero decir que no entienda de fútbol, sólo digo que el conocimiento de su juego está sobre un papel, en una pizarra, y no sobre el terreno real en el que este se desarrolló ante un adversario entregado.

Me explico: Cuando tu equipo tiene el dominio total de un partido y no define, algo está fallando y no hay otra persona que el responsable de cambiar las tornas para modificar lo que sucede. Anoche ante el Madrid, Timo Werner duró en el campo una eternidad que Tuchel no supo, o no quiso, ver. El empate español llegó por un efecto dominó que bien podría haber significado una derrota cuando la victoria de los ingleses era lo que correspondía.

Sus jugadores no pueden presionar lo indebido sobre el técnico para organizarle su labor. Anoche todos los futbolistas del Chelsea miraron para otra parte en señal de impotencia –excepto N´Golo Kanté- porque entendieron que el error lo estaba cometiendo su entrenador. Hoy el ariete alemán. Werner, no está para jugar al fútbol. No me pregunten por qué, sólo con mirar sus últimas estadísticas la respuesta la debería haber aportado su técnico mucho antes del minuto 66 en que finalmente le cambió.

Es aquí, en esta encrucijada, cuando los reales valores de profesionales se pone a prueba. Las urgencias tienen una sola dirección porque la exigencia de la gloria no admite tiempos de espera. La mente de quienes están encargados de entregar el producto exitoso no tienen argumentos en los que excusarse. El fracaso suele no perdonar y es entonces cuando la continuidad o el despido no precisan de explicaciones.

Martín Onti

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