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Martín Onti: La elegía de una muerte en Anfield

LIVERPOOL, Inglaterra.- Si elevados escenográficamente pudiésemos describir la antesala de esta victoria rojiblanca, la justificación no podría, jamás, dejar de contar con Jan Oblak.
 
Esta noche el partido tuvo, principalmente, el nombre del portero esloveno como baza fundamental de esta eliminatoria superada en el peor de los estadios para una ‘machada’ como la que protagonizaron los dirigidos por Diego Simeone. Oblak fue el principio y el final a la misma vez, porque obligó a sucumbir intencionalmente a los de Jurgen Klopp hasta llegar a falta de creencia en su fútbol.
 
 
Desde adelante hacia atrás, desde Mo Salah a Adrián San Miguel, la desesperanza fue ganándoles a los futbolistas reds cada simple porción de ese encomiable espíritu que el técnico alemán se preocupa en moldear. Oblak, convertido en elegía salvadora, se encargó de fortalecer la mente de los suyos, sembrar con sus acordes el pánico en el alma del Liverpool y, consecuentemente, en el corazón de Anfield.
 
No debe malinterpretarse lo que digo. No se me ocurre desvirtuar el gran trabajo de los futbolistas del Atleti, sino enfocar en los hechos fundamentales que hacen al argumento de este triunfo ante el actual campeón de Europa y del Mundo. La actitud del grupo fue la propicia, la perfecta conducta que un equipo debe tener en búsqueda de conseguir un objetivo.
 
Sin embargo, en el análisis de este partido se torna imposible no centrarse en lo esencial que fue la actuación de quien es en la actualidad el mejor guardameta del mundo. En Anfield todo empezó y terminó con Jan Oblak. A partir de allí se podrá mencionar el planteo del ‘Cholo’ Simeone; la ubicuidad de Felipe Almeida; el aporte incansable de Saúl Ñiguez; la presencia de Koke Resurrección; la entrega de Ángel Correa; la clase amenazante de Joao Félix y el funcionamiento y orden colchonero.
 
Lo que se pretenda reconocer esta noche del ‘Aleti’, nació en Oblak. Desde ignorar el ambiente hasta superarlo. De sobreponerse a la derrota parcial bajo el inhibidor cántico de ‘The Kop’, de verse camino a una eliminación asegurada por el vértigo y la velocidad del Liverpool, y estar casi entregado al lirismo de una elegía red rumbo al camino final de la muerte en Champions League. Esta noche Jan Oblak fue quien torció ese destino.
 

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