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Martín Onti: La detención del mundo del fútbol

MADRID, España.- Este miércoles juegan en el Allianz Arena de Múnich el Bayern de Jupp Heynckes y el Real Madrid de Zinedine Zidane. El partido de ida de esta semifinal de Champions League es el tema que ocupa todos los espacios deportivos de la Europa futbolística. Poco, o lo justo, se hablaba sobre la posibilidad de el triunfo categórico que el Liverpool de Jurgen Klopp nos regaló ante la desfondada y sorprendente Roma de Eusebio di Francesco.
 
Uno también, en cierta manera, se deja arrastrar por las luces del espectáculo mayor y se obnubila por lo atractivo de una semifinal inesperada decantando el interés de una secundaria. El tiempo parece haberse encaprichado y empecinarse en quitarle el brillo a lo que sucederá en Kiev cuando la verdadera final se lleve a cabo el próximo 26 de mayo con un sorteo que adelantó la cita esperada en Ucrania.
 
 
Repito, estas son sensaciones a las que, quienes estamos pendientes del fútbol, se nos hace muy difícil escapar por más ambiente particular que haya habido hoy en Anfield. Ya no sólo por lo que la historia impone entre madrileños y muniqueses sino por el presente de ambas instituciones, un enfrentamiento de esta categoría que impone un respeto mayor por más que el capítulo menor se haya iniciado en Liverpool.
 
Dar favoritos, con lo que que se viene en esta faceta de la Champions, es no haber aprendido de los hechos. Juzgar desde la prudencia, aconseja esperar dando solamente pautas individuales del juego de unos y otros a sabiendas que nada estará sellado hasta el final. El Barça lo puede acreditar y el Madrid, en menor medida dañina, también.
 
Son 180 minutos de tener al mundo detenido y a la espera de los acontecimientos. El fútbol es tan particularmente relativo que no nos permite arriesgar más allá de donde nos corresponde, En este juego se dispone de mínimos detalles que aportan al desarrollo final, el cual no obliga, por experiencia, a ser tan cautos como las circunstancias, por más que Klopp no sea Ernesto Valverde y las lecciones se diga, son para aprenderlas.
 
 
Anfield vibró al compás de su equipo frente a la Roma en un ambiente propio de las no tan antiguas y gloriosas épocas de los Reds. Con una demostración de juego frontal y efectivo el Liverpool, diría atrevidamente, ha sellado la eliminatoria pese al silencio que invadió Anfield sobre el término del cotejo tras el 5-2.
 
Mañana habrá más de lo mismo en la capital bávara. Nada parece quedar firmado para sentencia en fútbol. Son días que amanecen con la ansiedad de lo desconocido y se acuestan con la incertidumbre de lo que vendrá la semana siguiente. Vuelve a ser por ello bendito este juego y muy felices nosotros con ello.
 

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