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Martín Onti: Jürgen Klopp, la Creu de Sant Jordi y el Camp Nou

No es necesario agregar tantas cosas para darle más glamour, o el primero de ellos, a una semifinal con visos de final. El Liverpool visita el Camp Nou por la ida de esta fase en Champions League y, con las nubes disipándose, la velada nocturna se presenta como apropiada para disfrutar de un gran encuentro entre el Liverpool de Jurgen Klopp y el FC Barcelona de Ernesto Valverde.

Hacer un racconto de los últimos meses nos llevaría a repasar muchas cosas ya propiamente dichas que nos llevan a este punto en que la máxima competición europea –yo diría que del mundo- se transforma en el jarro de agua fresca en el medio de un desierto que han dejado esta temporada las ligas europeas.

Con los torneos nacionales, excepción hecha de la Premier League, sentenciados a mucho tiempo del final, nos han quedado intereses futbolísticos muy acotados para entretenernos. La Champions League pasó así a ser la niña mimada del firmamento, y con gusto nos sumamos a esa grada que espera.

Añadir declaraciones, algunas de ellas inclusive sacándolas de contexto, no hace más que incorporar detalles superfluos innecesarios porque el espectáculo ha quedado servido con manteles largos, sean quienes sean los comensales.

Repetir palabras del técnico alemán del Liverpool Jurgen Klopp, en declaraciones anteriores al juego de esta noche en el barrio de Les Corts, no cambia absolutamente nada de lo trascendental; menos aún que a Lionel Messi se le otorgue uno de los máximos reconocimientos de la Generalitat por sus servicios destacados en Catalunya y en defensa de la identidad y el ámbito público y cultural de la región. Ni hablar del Camp Nou y el controversial sentido mítico que tiene para algunos.

No se puede aderezar con sandeces el fútbol en estado de entusiasmo por adquirido derecho propio. Lo demostró el partido entre el Tottenham Hotspur y el Ajax anoche en Londres, donde con una exquisitez de propuesta lúdica asombrosa por parte de los holandeses y el no menos amor propio de los ingleses, nos llevaron a disfrutar del juego en sí.

Si esta noche en algo emulan el Barça y el Liverpool el honor de una semifinal de alta competencia como la de White Hart Lane, ya habremos aprendido que sólo vale escuchar, apenas de refilón, los dimes y diretes secundarios a la verdadera importancia que tiene el fútbol de alto nivel emocional cuando se juega la gloria hasta el último segundo.

Martín Onti

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