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Sergio Ramos, del Real Madrid. EFE

Martín Onti: ídolos e idolatrados

MADRID, España.- Las personalidades de cada deportista suman o restan en un equipo dependiendo de cómo se acepte por parte de sus compañeros el carácter de estos. Siempre me ha sorprendido la reacción de un grupo cuando el comportamiento de un líder ha debido ser acatado naturalmente. Ha habido ídolos que se han ganado esa condición de conductores sin la necesidad de ser estos forzosamente idolatrados desde la presión del entorno, y esto es lo valioso para tener en cuenta.
 
No se hace un ejercicio tan engorroso diferenciar a los unos de los otros y, sin el ánimo de ofender a nadie, se pueden hacer parangones entre comportamientos que en algunos casos merecen ser destacados para comprender lo que intento poner de manifiesto. Un líder nace, un idolatrado se hace. 
 
Un líder natural no es nada fácil de encontrar no sólo en el fútbol español, sino en el deporte mundial. Al tratarse de LaLiga, que es donde pretendo centrar este apartado analítico de las incidencias que ejercen ciertas personalidades en sus equipos, se me viene a la cabeza un listado de futbolistas que nos permitirá que entendamos, a partir de ello, los funcionamientos y juicios que corresponden para sacar algunas conclusiones válidas.
 
Lo que intento es que tengamos en cuenta las actitudes de tales líderes, que entendamos cómo el comportamiento se transforma en un ejemplo a seguir cuando las personalidades son tan marcadas. De alguna forma se terminan absorbiendo las conductas de los ocasionales compañeros del ‘conductor anímico’ de un grupo, por ponerle otro nombre a un ídolo que lo es por méritos de cuna o al que se va haciendo a través de alguna forzada gestión.
 
Recuerdo, en épocas no muy pasadas, hombres duros dentro de la liga española cuya sola mención en las alineaciones inculcaba un respeto muy parecido al temor en la escuadra adversaria. José Antonio Camacho en el Real Madrid; Miguel Bernardo Bianquetti ‘Migueli’ en el Barcelona; el mismo Diego Pablo Simeone en el Atlético de Madrid; Andoni Goikoetxea en el Athletic de Bilbao; y el doctor Pablo Alfaro en el Sevilla, por citar a los más reconocidos que se granjearon el derecho a tal reconocimiento.
 
En la actualidad, y teniendo en cuenta las esencias inmodificables en algunas instituciones, en nada nos extraña que esos ‘guías’ sigan siendo hombres de una misma estirpe guerrera para conducir a sus compañeros. Sergio Ramos hace de Camacho en el Madrid; Diego Costa de Simeone en el Atleti; y Raúl García de Goiko con los leones de Bilbao. 
 
Sin embargo, no ha sido el mismo caso en el Barcelona y en el Sevilla, por ejemplo, donde las personalidades de sus líderes cambiaron cuando la aceptación de un estilo se hizo respetar. Tanto catalanes como andaluces fijaron su modelo en jugadores distintos, de carácter más dócil y con maneras apacibles para conducirse y conducir. Lionel Messi y Jesús Navas se erigieron así, por imposición de las necesidades, en adalides de una imagen que tiende a distinguir a los que verdaderamente son ídolos de aquellos idolatrados por las circunstancias.
 

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