Martín Onti: En boca cerrada no entran moscas

En ocasiones, la experiencia sobre los terrenos de fútbol nada tiene que ver con la inteligencia y ubicuidad que debe tener un futbolista de la categoría que creemos debería poseer Sergio Ramos. El capitán y ahora mayor referente del Real Madrid, ha vuelto a incurrir en errores propios de un juvenil en la parte institucional, y de un entusiasta principiante en la ausente picaresca que debe tener un hombre ya curtido en las lides que rodean a este deporte.
 
Son varios los acontecimientos que ponen al zaguero merengue en la mesa de las contradicciones. Algunas de ellas, muchas de ellas en realidad, apuntan a un snobismo que podría ampararse en la actitud lógica de una persona que proviene de un medio humilde y que de repente se encuentra rozándose con lo más granado del medio. 
 
Sin ataques personales, a Sergio Ramos se le podrían justificar su ‘despistes’ en reacciones y comportamientos que deben entenderse desde el punto de vista mencionado. Esto es, en sus cuestiones particulares que deberían competirle sólo a él, a los suyos, y a los cercanos que intercambian situaciones diarias con el defensa andaluz.
 
No nos interesa que un ‘testarazo’ Ramos lo pueda comprender, con definición de la Real Academia incluida, como un ‘zapatazo’, ni que se le caiga una copa desde un autobús en festejo, porque eso no pasa a ser trascendental, como tampoco lo es el histrionismo que representa, en ocasiones, su vestimenta. Nada de ello es tan o más importante que cumplir con su tarea de futbolista, de empleado de un club que le paga cifras astronómicas por jugar al fútbol y no por hablar sandeces que perjudiquen a su empleador.
 
Sin embargo, cuando el capitán Ramos, ese frustrado torero o cantante de flamenco que da la impresión de no haber superado todavía en su interior, tiene la oportunidad, por el regalo de un micrófono enfrente suyo, de decir lo que sus vísceras le ordenan, es cuando la lía en contra de la entidad que le paga para estar donde está.
 
Nadie sabe qué decisión tomará la UEFA tras las declaraciones de Sergio Ramos al término del partido ante el Ajax de Ámsterdam, donde, en cierta manera, se ‘mofa’ de ser el más pícaro entre los vivos habiendo provocado una cartulina amarilla que le ‘castiga’ no jugando el próximo y fácil compromiso ante los holandeses, para poder enfrentar limpio de tarjetas los cuartos de final de la Champions League con una sonrisa de satisfacción por ser el más listo de la clase.
 
‘En boca cerrada no entran moscas’ nos solían decir en el colegio, o quienes con más experiencia de vida que nosotros nos ponían sobre alerta de los inconvenientes de hablar de más. Pero, sin dudas, el defensor y capitán del Real Madrid no debe haber prestado demasiada atención cuando se lo decían.
 
Martín Onti

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