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Lionel Messi, del Barcelona. EFE

Martín Onti: El camino a la inmortalidad

MADRID, España.- Quiero imaginarme que si algún agnóstico quedaba aún boyando en la amplia meseta del ateísmo futbolístico, ese incrédulo debería poner el video del partido entre el Barcelona y el Liverpool de la noche del miércoles en el Camp Nou. Nada, ni nadie, podrá negarle a Lionel Messi, a partir de su memorable actuación, la condición de figura inmortal. 
 
No puede existir posibilidad alguna de que nos equivoquemos en el concepto de sentar al astro argentino en esa atalaya que admite sólo a un puñado de jugadores, a esos selectos artesanos que escribirán capítulos de los libros de la historia del fútbol hasta el final de sus gloriosos días. 
 
Lo de Messi ya atraviesa la barrera de lo superlativo, porque cuando, incluso, pensábamos que ya habíamos visto salir todo de su ingenio, viene y nos abofetea con una obra sublime. Simplemente no creo que sea posible un análisis de sus cualidades, del alcance de su maestría, porque no hay parámetros para medir el arte. 
 
Es como repetirnos que algo que nos embelece sólo puede tener un baremo terrenal, y allí es cuando recién caemos en la cuenta de que Messi no lo puede ofrecer porque no tiene nada matemático como patrón de medida. Sinceramente, estoy convencido que ni él mismo conoce su verdadera capacidad de asombrar al mundo con su innegable talento.
 
Se ha dicho casi absolutamente todo sobre Lionel Messi, tanto o más de lo que se habló en el presente del pasado y en este presente de camino al futuro que marcaron otros grandes como Alfredo Di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff y Diego Maradona. No se puede agregar más nada a lo racional que podamos acotar de aquellos cuatro jinetes del Apocalipsis que han esperado un buen tiempo para sumar al último de la saga.
 
No exageramos cuando decimos que Lionel Messi es el mejor jugador de fútbol del mundo en la actualidad. No podríamos mentir tan vilmente sin ser descubiertos en el intento. Ya no quedan palabras, adjetivos, calificativos que nos den una dimensión que alguien desconozca frente a ustedes, a nosotros, a todos.
 
Ser simple, imparcial y sincero es una obligación para escribir sobre la inmortalidad a la que incuestionablemente  ha accedido Messi. Anoche quedé mudo cuando ese balón entró en la portería de Alisson Becker mientras el Camp Nou rozaba la demencia emocional de propios y extraños. Disfruté ese momento y lo hice mío de cara a la felicidad de mi propia alma. Me lo debía después de un día tan largo.
 

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