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Martín Onti: El alma y el espíritu

BARCERLONA, España.- El alma de cada ser humano tiene comportamientos indescifrables desde la razón, y desde este punto de partida corresponde presumir de ella y aceptar que jamás ésta será, o no, la que se imponga en situaciones límites para lograr la inmortalidad. El espíritu es diferente, no son la misma cosa, este puede no estar presente en ocasiones porque su educación y entrenamiento posterior le permite ausencias temporales sin daños terminales, va y viene, algo que no pasa con el alma porque de ella sí depende la eternidad.
 
 
 
 
Cuando ambos van de la mano, esa unión convierte a su portador en moralmente indestructible, así muera en el intento. Se puede ser eternamente feliz sin una buena dosis de inquebrantable espíritu, pero no sin alma; y cada uno de nosotros sabe perfectamente de qué estoy hablando.
 
El alma es el motor invisible que sostiene a los seres humanos. Todos tenemos alma y cada uno actúa en su vida de acuerdo a los códigos que esta mancera en algún lugar desconocido del cuerpo. Obedecemos sus órdenes indescifrables por parte de nuestro cerebro y las ejecutamos con la inconciencia absoluta como patrón de mando.
 
Esa es la diferencia entre Lionel Messi y la inmortalidad. Tan sutil y trascendental línea de accionar separa al mejor jugador de fútbol del mundo de la felicidad completa.
 
 
 
 
Debe entenderse que de ninguna manera decapito con esto a Messi, ni a nadie que sólo se conforme con exhibir el espíritu por bandera por sobre el accionar del alma, tenga esta el nivel que sea, pero, sí me permito argumentar que el 9 jamás podrá llegar a ser 10 por más venga a posteriori.
 
El reciente e histórico partido de Champions League frente al PSG me confirma una hipótesis de la que finalmente debo sanamente renegar. Me llegan a la mente otras imágenes en las cuales Lionel Messi sólo jugó con el espíritu por estandarte en ausencia del vacío de su alma, y no puedo culparle, desgraciadamente no puedo culparle por ello.
 
A Messi debemos disfrutarlo solamente desde el juego, desde su clase magistral como futbolista mientras ese ‘don’ le dure y cuando sólo el espíritu sea la máxima expresión que su propuesta interna como persona puede aportar al éxito. No le pidamos más y aceptémosle como es hasta que tristemente desaparezca.
 
 

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