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Martín Onti: El alma azulgrana

MADRID, España.- Decía claramente Hermann Hesse en su obra ‘Mi Credo’, que el alma necesita de la felicidad para expresar su alegría existencial, para demostrar ese sentir que es parte de un todo. Que ese todo ,que se cosecha en la vida, pasa por sentirse acompañado de un cierto placer al hacer algo que represente el sentirse felizmente vivo. Por ende, el alma se tiene o no se tiene y, con ello, la felicidad queda expuesta en cada ser humano si se posee y oculta si no se es afortunado de tenerla.
 
Esto pinta de cuerpo entero a este FC Barcelona de Ernesto Valverde, una institución sin alma que disfruta de buenos resultados cuando las condiciones no le exigen mostrar el corazón al descubierto. Cuando esto pasa y la fortuna está sentada a su lado, como pasó en el encuentro de ida de semifinales ante el Liverpool, se encuentran victorias tan mentirosas y épicas como la del Camp Nou, y cuando no, irremediablemente sucede lo de Anfield.
 
Pero eso no es lo peor para este Barcelona. No, lo más cruel e incomprensible es haber tenido una experiencia calcada a un año vista de lo que ocurrió en el Olímpico de Roma, en esta misma competición, y volver a cometer los mismos errores envueltos en la acostumbrada desidia que tienen por patrón de vida la gran mayoría de sus integrantes. Desde directivos a jugadores y pasando, como no, por su técnico, todos son cómplices de los silencios del miedo.
 
El día anterior al partido de Anfield, escribí un artículo basado en los elementos que hacen que el alma sea protagonista. Enfatizaba en esa nota –The Kop- que el juego ante los de Jürgen Klopp debía enfocarse más en el espíritu que en la propuesta futbolística, porque eso era precisamente la base de lo que ocurriría este martes en el ‘Templo’ del Liverpool.
 
De nada sirven las experiencias del pasado –derrota dolorosa ante la Roma- ni los mensajes subliminales de ocasión -ausencias significativas y varias de piezas vitales para los Reds como Salah, Firmino y Keita- advertencias presentes con la historia por testigo –The Kop y un estadio en ebullición constante- si el alma es esquiva al compromiso ineludible que rechazan los pusilánimes.
 
El Barça de Valverde perdió ante el Liverpool de Klopp, al margen de lo estrictamente futbolístico, por falta de corazón, por ausencia de esa actitud que es propiedad sólo de aquellos que entienden que la gloria de los vencedores se sustenta y trasciende, fundamental y principalmente, desde el alma.
 

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