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Martín Onti: Dos días en Madrid

MADRID, España.- Martes y miércoles de alegría o tristeza en la capital de España. Madrid tendrá las opciones del sentimiento que el fútbol le otorgue cuando el Real Madrid y el Atlético de Madrid diriman su continuidad en la Champions League esta semana. El Wolfsburgo germano, el Barcelona catalán, y ellos mismos, serán los elegidos del destino para gozar de júbilo o sufrir el desconsuelo sobre el Paseo de la Castellana y a orillas del Río Manzanares respectivamente.

El Santiago Bernabéu y el Vicente Calderón tienen desde el sábado un brillo diferente, aquél que en los corazones merengues y colchoneros encendió la derrota culé en San Sebastián. Aquella invitación que el propio conjunto de Luis Enrique Martínez, con su derrota ante la Real Sociedad en Anoeta, extendió a la distancia para preparar las luces de la algarabía en los alrededores de Cibeles y Neptuno.

Madrid acepta el desafío y espera. Así es la vida comprendida desde la falta de absolutismo de las cosas y desde la confirmación que el sufrimiento es la forma suprema del aprendizaje.

Muchas veces en el transcurso de nuestras vidas las lecciones se cruzan en nuestros caminos para que la revancha bien entendida se transforme en un nuevo punto de partida, y ésta nueva oportunidad llega para poner a prueba a los unos y a los otros con una propuesta tan equilibrada como aceptable debe ser la respuesta.

Es fútbol en juego, es cierto, pero también son pasajes vivenciales que necesitan un complemento al sentido puramente lúdico. Hay hechos que no tienen regreso tras haber sido ejecutados y eso es lo asombroso de las circunstancias. Todos deberían, y deberíamos, aprender de ello.

El Barcelona, en su fuero interno, dio por asegurada la gloria de antemano. Aquella exaltación tras el gol de Gerard Piqué ante el Madrid en el Camp Nou, puede pasarle la factura con que la soberbia azota cuando no se respeta a la prudencia, prima hermana de la humildad.

El Wolfsburgo necesitará de toda su consciencia de equipo raso para sostener una remontada que los de Zinedine Zidane ansían ahora más que nunca. Encontraron un partido a su medida en Alemania, que bien supieron aprovechar, sin entender completamente que tocar el cielo con las manos tiene su antesala en caminar a través del infierno madrileño.

Este martes el resarcimiento queda teñido de blanco en el Bernabéu y el miércoles de rojo y blanco en el Calderón. Dos días en Madrid que serán mucho más que dos días comunes cuando el Real Madrid recibe a los de Dieter Hecking y los de Diego Pablo Simeone a Lionel Messi y a su maltrecha compañía. El aprendizaje sigue a prueba.

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