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Martín Onti: desde la calma

MANCHESTER, Inglaterra.- Puedo imaginarme tranquilamente a dos personas sentadas en la quietud de un lugar, cómodos en sus sillones con el té servido a tiempo, al amparo de un gran ventanal mirando a la brumosa Manchester y alejados del ruido industrial de una ciudad que exige, por su historia, una movilidad que no cuaja con la esencia de ninguno de ellos dos.
 
El técnico chileno Manuel Pellegrini y su ayudante eterno, el flaco Rubén Cousillas, no desentonan en la calma del ambiente inglés, ni menos con el sentido flemático de sus habitantes. Manchester tiene esos atardeceres británicos que uno siempre soñó en la paz de ciertos lugares con esa armonía idealizada.
 
 
Desde la espiritualidad, la descripción de ambas personalidades toca la puerta de la envidia de mucha gente que desearía poder hacer lo mismo y disfrutar de la vida, del descanso y de la solemnidad que el escenario pinta. Hasta aquí, totalmente de acuerdo con la actitud vivencial que transmiten Pellegrini y Cousillas.
 
Sin embargo, viene a ser que el estratega del Manchester City y su hombre de confianza, sólo pueden dedicarse a ser observadores de la naturaleza cuando su equipo también descansa, cuando no tienen día de partido y la obligación pasa precisamente por relajarse en su tiempo libre… no cuando se está decidiendo una semifinal de Champions League ante un adversario que jamás volverá a darle las ventajas que hoy le ofrecía el Real Madrid en su propio Estadio Etihad.
 
Con el paso del tiempo, uno comprende muchas cosas que se han ido sumando al destino del Ingeniero. No podría criticar su propuesta futbolística -aunque pueda estar en desacuerdo con su sistema de juego- y tampoco discutir su método ni las elecciones que hace desde su óptica para elegir a sus jugadores, pero, se me hace extraño tanta ‘mala suerte’ que ubica a sus equipos más cercanos a los reveses que a los éxitos.
 
 
 
Villarreal fue una advertencia de fracaso cuyo chivo expiatorio fue Juan Román Riquelme y aquel famoso penalti marrado ante el Arsenal londinense; el Real Madrid le cargó con la pesada cruz del ‘Alcorconazo’ en una eliminatoria de Copa del Rey; y este Manchester City, con servidumbre catalana, que le desestima por la puerta de servicio ante el inminente arribo de Josep Guardiola para la próxima temporada, son demasiadas casualidades, quizás, producto de causalidades.
 
Desde la calma uno descansa, archiva la testosterona, y procede al pensamiento. Por el contrario, desde la necesidad de generar logros activa las alarmas y busca resultados que reviertan una imagen que a partir del Bernabéu, en el juego de vuelta, puede convertirse en la lápida final sobre la figura de Manuel Pellegrini como entrenador de instituciones de renombre.
 
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