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Martín Onti: Como un partido de pretemporada

MADRID, España.- Tras arduas sesiones de entrenamiento físico-táctico en Alemania, a este remozado Bayern de Múnich que ahora dirige Julian Nagelsmann, le tocó salir a jugar al exterior. Dejó de someterse a partidillos de entre-casa y buscó más allá de sus fronteras enfrentar a equipos que, en teoría, podrían ser competitivos. Medir la fortaleza futbolística de cara a la dura temporada que se avecina debe ser la prioridad de cualquier nuevo estratega.
 
Y llegó la Champions League ante el FC Barcelona en el Camp Nou, pero también podría haber sido el Centre D’Esports Sabadell -con perdón del histórico Sabadell- en partido casual y, aún así, no nos hubiésemos enterado de que la planificación preparatoria de Nagelsmann se había plantado de este lado de los Pirineos en plan correctivo, como si se tratara de un partido de pretemporada más.
 
 
¿Vino a ser de repente que la fortuna premió a los bávaros con una desafortunada actuación de los de Ronald Koeman en el Camp Nou? Pues no. Debería dar un rotundo no como respuesta porque simplemente este Barça en estado ‘deconstructivo’, es aquel mismo equipo que hemos conocido los últimos años devenido hoy en una angustiosa semejanza vestida de harapos.
 
En esta jornada inaugural de la Champions League, dos cosas han quedado claras. Una, es que el Bayern de Múnich no ha perdido su carácter sistémico de juego tras la salida de Hansi Flick sino que, más bien, lo ha incrementado con un mayor conocimiento entre sus hombres; demuestra una sincronización de movimientos a alta velocidad; y suma esa confianza intrínseca de los equipos que conocen sus límites y saben cómo y cuándo manejarlos convenientemente.
 
La segunda de las cuestiones que nos ha dejado el juego de esta noche en la Ciudad Condal, es la vergüenza que castiga a una institución como el FC Barcelona. Atrapados en la congoja y la desorganización general de la entidad tras despedir a Lionel Messi, los de Koeman no acertaron jamás a practicar ese sistema, hoy inexistente, del que aún se vanaglorian, y vagaron sin sentido en la confusión de cada uno de sus jugadores. Un equipo sin posesión ni posicionamiento, a la deriva del desgano, de la decrepitud de algunas de sus figuras, y de la incertidumbre en la que su presidente, Joan Laporta, les ha sumergido.
 
El Bayern cumplió, comparativamente, ganó con un 0-3 casi tan doloroso como el 2-8 de Lisboa. Cerró su tarea como si de un amistoso se tratara, y cuando la alegría ya se había transformado en agobio en el Camp Nou, la ocurrencia de los aficionados salvó la calurosa y húmeda noche catalana. Un balón jugado de mano en mano entre las gradas del Camp Nou devolvió algo de ilusión lúdica a este oscuro mundo en el que está inmerso el Barça hoy.

 

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