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Martín Onti: Al final, ícaro quemó sus alas

MADRID, España.- Cuenta la leyenda griega que tan cerca del sol voló Ícaro con sus alas de cera, que estas se terminaron derritiendo provocando la caída del hijo de Dédalo al Mar Egeo en las cercanías de la Isla de Samos. Algo similar le sucedió a Unai Emery intentando crear una atmósfera de infierno en el Parque de los Príncipes, sin medir que la hoguera podría servir para consumirle con la leña de su propia inexperiencia, cuando de enfrentamientos cruciales de trata al más alto nivel del fútbol de Europa.
 
 
Ayer escribíamos, en la antesala del PSG-Real Madrid, acerca de las alternativas extra deportivas a las que se había encomendado el estratega español de los galos, para encontrar una pócima desconocida de motivación a sus jugadores y afición para recibir al conjunto de Zinedine Zidane, sin evaluar -asumo por falta de ese roce callejero que no tiene Emery- que ese tipo de juego no es el indicado para impulsar a gente cuyas estirpes no pasan precisamente por allí.
 
El Paris Saint-Germain no es un club de fútbol que destaque por una ‘agresividad’ que asuste a sus rivales, y desde luego tampoco los son sus verdaderos seguidores. No me refiero a esos grupetes de enajenados sociales que queman todo a su paso, sino a los que se juntan en el típico bar del ‘quartier’ al que pertenecen, para beber y hablar sobre fútbol sin ese fervor con que se hace en España, sin ese carismático tejido de fondo que tenemos de este lado de los Pirineos para entender y disfrutar este deporte.
 
Por ello es que se equivoca rotundamente Unai, porque en su mensaje compuesto de impotencia y frustración antes de abandonar la capital española, ni bien pierde el juego que le condena, deja al descubierto una señal que sólo sirvió para avisarle a ‘Zizou’ de lo que debía hacer la escuadra blanca en París y que sus propios jugadores tampoco asimilaran el recado, con o sin Neymar.
 
 
Entiéndase bien que el Real Madrid jugó con una obediencia espartana, sin dejar de perder nunca el control del partido. Su victoria, su pase a cuartos de final de la Champions League, jamás estuvo en peligro. La estrategia rozó la perfección en beneficio propio y en detrimento de los parisinos. Los tiempos de defensa y ataque tuvieron un manejo excepcional por parte de sus hombres, gestados desde una optimizada posición espacial y del entorno que bien utilizaban con el balón en su poder. Con eso le bastó al equipo de Zidane para no despeinarse siquiera en el Parque de los Príncipes.
 
En frente, el descalabro de la eliminación en la máxima competición europea -la que verdaderamente interesa- ha marcado al PSG, y más todavía a Unai Emery, con un pasaje al fracaso deportivo y comercial. Pasa a la siguiente fase de Champions League el que lo mereció por fútbol, por inteligencia, por experiencia y porque a su técnico no le agrada sobrevolar tan innecesariamente cerca del sol.
 

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