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Diego von Vacano: Una noche de Champions en el Camp Nou

La experiencia sólo se puede describir como un magno evento en el templo del fútbol mundial. Hoy por hoy, es muy probable que no exista mejor equipo de balompié en el planeta. En gran parte, esto se debe a la presencia de un jugador que todos conocemos pero pocos entendemos: Lionel Messi. Se hacen comparaciones con Diego Armando Maradona, con Pelé; pero en realidad Messi es único, y quizás sea, según algunos que saben de fútbol, el mejor jugador de todos los tiempos.  Telemundo Deportes/NBC estuvo en el Camp Nou del FC Barcelona el pasado miércoles, y lo que sigue es un relato de lo que significa una noche de Champions en la capital del fútbol mundial.

Para un partido de la magnitud que tiene un Barcelona contra Chelsea para los octavos de final en la UEFA Champions League, lo ideal es llegar por lo menos un día antes para absorber la atmósfera de una ciudad que se ha vuelto sinónimo del buen fútbol. El día antes del partido, hinchas de todo el mundo se congregan a apoyar a su equipo en las afueras del estadio Camp Nou. Es un estadio mítico, en gran parte porque es antiguo. Inaugurado en 1957, alberga a más de 99.000 espectadores. No es ultramoderno, como el Wanda Metropolitano del Atlético de Madrid, por ejemplo. Pero por sus pasillos y túneles de cemento se puede sentir la presencia de grandes figuras que formaron parte del plantel, muchos de ellos latinoamericanos: Ronaldo Nazario, Ronaldinho, Rivaldo, Romario y, por supuesto, Maradona. 

El día del partido llegamos en una tarde un poco nublada, pero los colores de las banderas de los fanáticos brindan un ambiente de fiesta en las afueras del Camp Nou. Desde México, Colombia, Bolivia, o Argentina, llegan los hinchas para apoyar a un equipo que es símbolo de identidad catalana, pero al mismo tiempo de integración global. Esto se debe a que Barcelona es una ciudad con muchos inmigrantes de todo el mundo. En sus calles se puede ver gente de origen asiático, latinoamericano, africano, árabe y de todas partes de Europa. Existe una gran armonía multicultural, que en gran parte funciona porque el FC Barcelona une a gente de todas partes.

Una vez dentro del estadio, hay un silencio sepulcral antes de que se abran las puertas. Para estos partidos, hay banderines del FC Barcelona en cada asiento. Es una tranquilidad engañosa, que poco a poco se desvanece con la llegada bulliciosa de los hinchas culés. El estadio se llena de tifos y banderas mientras llega el autobús del equipo visitante. En esta ocasión le tocaba al Chelsea FC, equipo inglés de renombre, la entrada en el foso de los leones. Un partido muy difícil para el plantel del italiano Antonio Conte, ya que solamente logró arrancar un empate a un gol en el partido de ida en Londres. Aún así, las grandes figuras del Chelsea como Eden Hazard, Willian y N’Golo Kanté, se aprestaban a lograr una hazaña. 

Poco a poco se acerca el momento del inicio del partido. Las graderías se llenan de aficionados, los fotógrafos se instalan, oficiales de la UEFA se apresuran para que todo esté en su lugar. Ya se oye el himno del FC Barcelona, el “Cant del Barça,” en los parlantes. 

La tensión crece mientras se corean los nombres de los integrantes de los dos equipos. El momento cúspide de la noche llega cuando los dos equipos entran a la cancha. En sus rostros se ve tranquilidad, pero es indudable que los nervios están despiertos, ya que la bulla es ensordecedora. Cuando se entona el himno de la Champions League, el espectador en el estadio pierde todo sentido del tiempo y el espacio: el ruido, la música y los silbidos se mezclan con los colores, el olor a humedad de la llovizna y las ansias por ver un buen partido.

Y así fue. Esa noche Messi marcó el gol más rápido de su carrera dentro de la Champions League. En menos de tres minutos, el astro argentino pasó el balón entre las piernas del guardameta belga Thibaut Courtois. El Chelsea no se replegó, intentó reaccionar, jugó buen fútbol, pero otra genialidad de Messi al eludir a tres jugadores del equipo inglés y hacer un pase de gol para Dembelé, selló el destino del partido en menos de 25 minutos. Hazard y compañía lucharon con valentía, pero no fue suficiente. Una tercera genialidad del rosarino aniquiló todas las opciones que hubiera podido tener el equipo del oeste de Londres. Cabizbajo, el español Marcos Alonso solo pudo resignarse ante la furia catalana.

Una vez más, el Camp Nou fue escenario del buen fútbol, de una pugna entre dos equipos con ganas de jugar, pero otra vez decidido por el juego colectivo del Barcelona y de las obras maestras de su líder y genio, Messi. La gente ovacionó a su ídolo por largos minutos, para prolongar ese momento. En la zona mixta, integrantes del Chelsea como Conte, Willian y el capitán Azpilicueta solo pudieron alabar el talento del heredero de Maradona. Una vez más, una noche de Champions en el Camp Nou fue una noche del mago Messi y del futbol pulcro del Barça.

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