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Martín Onti: Lorenzo, Nadal y Mallorca

MADRID, España.- Dos buenos ejemplos de opuestas conductas ante el infortunio son Jorge Lorenzo, el piloto mallorquín que recientemente anunció su retiro del motociclismo mundial, y el tenista Rafael Nadal. Sirven sus mutuos procederes para comprender las actitudes del ser humano ante momentos de presión extrema. 
 
Los comportamientos de uno y otro no sólo demarcan una visión de la vida, sino además, como en este caso, la postura de los protagonistas ante el deporte en general.
 
A ambos les une el mismo cordón umbilical, las Islas Baleares. Uno, de Palma de Mallorca, el motociclista, y el otro, de Manacor. Pero, me deja la duda que la distancia entre la capital y la segunda ciudad en importancia de la isla más grande del archipiélago balear, sirva para marcar la diferencia de carácter existencial entre ellos. 
 
La sensación de desidia que gobernó al piloto camino al abandono y la insoslayable capacidad de supervivencia del tenista aferrado a la eterna búsqueda de la gloria, les muestra ante el mundo del deporte como han sido a lo largo de sus trayectorias y, finalmente, como es cada uno sobre el cierre de las mismas y de aquí en adelante. 
 
Mientras todo fue a pedir de boca para Jorge Lorenzo, cuando los inconvenientes no acechaban al campeón de Moto GP, supimos ver, o creíamos ver, a un hombre valiente, decidido y exitoso. Hoy, cuando uno hace memoria de dicho pasado, el análisis nos pasea por el poderío que, quizás, la mecánica de su moto le aportaba para derrotar a sus adversarios. Tras su salida de Yamaha, una máquina de neta superioridad en el paddock por entonces, sus días con Ducatti, y más aún con Honda, casi nunca volvieron a ser felices. La técnica superó siempre al valor y cuando aquella dejó de imponerse, el gran piloto fue desapareciendo.
 
Rafa Nadal sigue, a sus 33 años, no solamente sentándose en las antípodas de su coterráneo, sino superándose a si mismo y al paso del tiempo. En una muestra de méritos que van desde la exquisitez en la técnica, el coraje en el derroche físico, y el inconmensurable aporte espiritual que mostró en la obtención de la reciente sexta Copa Davis para España, Nadal ha vuelto a demostrar por qué las diferencias no las marcan ni el lugar, ni las alegrías del momento, ni el aprovechamiento de las ventajas ocasionales, sino el fuego interior que se tiene o no se tiene.

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