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En Argentina, el despertar del día siguiente siempre vuelve a ser una copia del día anterior

Martín Onti: ¡Qué quilombo!

BUENOS AIRES, Argentina.- La palabra ‘Quilombo’ tiene en Argentina maneras distintas de dejarse entender. En la jerga local se le llamaba así a las casas de prostitución y, desde allí, a todo lo que significaba estar fuera del accesible alcance de lo permisible. Es decir, el ‘quilombo’ fue así tanto un lupanar como todo lo incomprensible para el mundo que quedaba marginado de cualquier situación turbia e insosteniblemente aceptada por la sociedad argentina como sinónimo de desorden y caos.
 
 
Hoy en día pronunciar la palabra quilombo significa atenerse a las consecuencias de acciones incomprensibles y que, contradictoriamente, son admitidas hasta con lógica por algo que ocurrió aunque no tenga explicación otra que el perdón intrínseco de tal acto, inclusive, a sabiendas de que lo acontecido no tendrá otra alternativa que ser aprobada por más inadmisible que resulte.
 
 
Esta semana han comenzado las tratativas de reformular el torneo local en la Asociación del Fútbol Argentino, AFA, para la admisión de una Súper Liga basada en el modelo de la liga española, al punto de llevar al mismísimo presidente de la Liga, Javier Tebas, a Buenos Aires, para que explique con lujos de detalles el funcionamiento del fútbol en España donde sólo 20 equipos compiten por el dinero grande y todas las mejores oportunidades que de ello deviene.
 
Sintéticamente, diré que en Argentina el campeonato local contempla la participación de 30 instituciones que se debaten en la pobreza que el reparto de dividendos monetarios les otorga en la actualidad, cuando con el sistema español la idea de unificar el potencial económico en menos entidades, presumiría de tener mejor entrada de emolumentos y repartija de ganancias para las arcas de los clubes sobrevivientes a una supuesta criba que, desde AFA, se haría con la introducción de una Súper Liga.
 
De esta manera se empiezan a ver los flecos por atar en este acuerdo, en el que no queda muy bien parado el fútbol y menos sus dirigentes. Desde el mismo Presidente de la Nación, pasando por sindicalistas, gente del espectáculo y gobernantes, hasta el último mandamás de cada club involucrado en este dilema nacional, se comienzan a ver uñas que saldarán con rasguños expuestos la historia del fútbol argentino.
 
Sería muy fácil para mi decir ahora: ¡Qué Quilombo! exponiendo explicaciones de las supuestas intenciones económicas de esos dirigentes que buscan a través del poder administrar el futuro próximo de su fútbol/negocio. Sin embargo, aún así, nada cambiaría, porque les aseguro, en Argentina, el despertar del día siguiente siempre vuelve a ser una exacta copia del día anterior.
 
 
 

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