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Pep Guardiola se está enfrentando por primera vez en su vida a una situación tan adversa

MANCHESTER, Inglaterra.- Pep Guardiola está sintiendo por primera vez en su carrera como manager la versión más cruda del futbol. En el Barça no ganó la liga en su última temporada, pero el equipo nunca dejó de parecer suyo. De hecho, su mano estuvo tan metida en las decisiones del conjunto que quizás eso fue lo que lo hizo perder la carrera ante el Madrid de José Mourinho.
 
Guardiola tiene otra vez a Mourinho bien cerca, -ahora más cerca todavía-, y lo que parecía ser idílico en las primeras semanas de la temporada ha pasado a ser tan destructor que en sus últimas declaraciones Pep no ha podido ocultar cuán demolido se siente.
 
 
Los futbolistas de este Manchester City ya no parecen seguir las instrucciones tácticas de Guardiola al pie de la letra, -como sí lo hacían los del Barça y los del Bayern-, ni Guardiola parece haber encontrado la manera de que lo hagan, ni tampoco de diseñar una idea que no renuncie a su estilo, pero que sea efectiva con la plantilla que tiene.
 
 
Antes de llegar a la Premier League, Guardiola sabía que esta competición era muy especial. Pero nunca imaginó que la suerte, o los factores incontrolables del futbol, esos sobre los cuales cuesta mucho trabajo influir y dominar, iban a ser tan protagonistas en el Manchester City. Aquí se incluyen las expulsiones de Fernandinho y del Kun Agüero, las lesiones, el pésimo rendimiento de su defensa, la rudeza del calendario en Inglaterra y el adormecimiento táctico de algunos jugadores como Raheem Sterling y John Stones.
 
Las soluciones son mucho más difíciles de encontrar porque todo se ha derrumbado de la noche a la mañana. En agosto y septiembre el equipo jugó, rindió y goleó. Incluso, Pep, en otra de sus brillantes movidas, supo cómo componer la baja del Kun Agüero por sanción y ganar en la cancha del Manchester United. Ahora no encuentra las respuestas porque ante todo no sabe de dónde han aparecido estos problemas.
 
 
La crisis interna del Manchester City y quizás la mayor de todas, la interna de Guardiola, no es para menospreciarla. Ya Pep llegó a decir que a su carrera como manager no le queda mucho tiempo y que su trabajo en el Etihad Stadium puede ser uno de los últimos en un banquillo, si no el último. Lo peor de todo, para el equipo y para su entrenador, es que ambos se están transmitiendo ese pesimismo mutuo.
 
 
“Yo merezco ser feliz. Me siento muy feliz cuando veo cómo juega mi equipo. El resultado es algo vacío. El resultado me puede hacer feliz por dos días, pero lo que realmente me satisface es la manera en que jugamos”, dijo Guardiola tras el sufridísimo triunfo ante el Burnley el lunes.
 
“Le ganamos al Crystal Palace y al Burnley, pero no sentí ningún placer al ver a mi equipo. Quiero sentir que mi equipo juega como yo quiero. Si no, ¿para qué estoy aquí? Claro, hay que ganar títulos, pero el proceso es lo que importa”, añadió.
 
 
No es tampoco un secreto que Guardiola busca desesperadamente esa perfección purista que ahora se está dando cuenta cuán complicado es conseguirla en la Premier League. Pep está sufriendo, pero también está aprendiendo y dada la astucia que mostró en las siete temporadas anteriores de su carrera, no sería ilógico pensar que encontrará las respuestas que ahora escasean.
 
En su primera temporada en el City no quiso conformar un equipo a golpe de chequera, sino trató de explorar si podía construir “su equipo” con los jugadores que tenía en la plantilla. Sólo llegaron unos pocos, Stones, Gundogan, Nolito y Bravo. No quiso comprar el futbol, prefirió hacerlo.
 
Para el verano siguiente, o quizás en este mismo invierno, puede que no asuma una posición tan pasiva. Posiciones claves como el centro del campo, los laterales y el de centro delantero necesitan hombres nuevos y efectivos. Gabriel Jesús, recién incorporado del Palmeiras, puede constituir ese respaldo para un Kun Agüero que cuando se ausenta, el City sufre.
 
De momento, como también reconoció Guardiola, soñar con un título es una quimera. Sólo pueden mirar al día siguiente, al entrenamiento del próximo día. Ante todo Pep necesita estabilizar al equipo y encontrar la manera de conseguir buenos resultados, aunque tenga que renunciar, parcialmente, al estilo que lleva impregnado en su sangre.
 

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