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Martín Onti: Las "mágicas" zapatillas de Kipchoge

VIENA, Austria.- Este pasado sábado 12 de octubre ocurrió algo histórico para el deporte, no sólo para el atletismo, en el parque Prater de Viena. La capital de Austria se vestía de apacible fiesta en un circuito diagramado con la exaltación que la esperanza de los seres humanos pone de manifiesto, de tanto en cuando, para celebrar lo que podría ser, y terminó siendo, todo un acontecimiento universal.
 
El atleta keniano Eliud Kipchoge era allí el centro de ese mundo tan especial que desafiaba una vez más la velocidad de la vida, con la suya propia, a lo largo de 42,195 kilómetros. Toda una parafernalia pensada y programada exhaustamente al detalle para bajar un tiempo que nadie había podido conquistar antes en la historia del atletismo mundial.
 
A Kipchoge le marcaron el ritmo 41 liebres que corrieron en formación ‘V’, como una flecha inversa a la marcha para contrarrestar la resistencia aerodinámica, trasladándole el rebufo del vehículo cercano que abría paso con un cronómetro gigante. Cada acompañante de Kipchoge en esta aventura vienesa cumplía un rol específico, matemático, por peso, volumen, características y disciplina que jugarían a favor del objetivo final. 
 
El otro elemento clave, eran nada más y nada menos que sus zapatillas. Un modelo de la marca de la famosísima y popular ‘palomita’, ya probadas en una versión similar en su anterior intento de Monza donde el fracasó le había asistido al keniata. Unas zapatillas a medida, calculadas en su eficiencia y en la economía de paso para la mejora de rendimiento, que contenían una placa de carbono en la suela con efecto muelle y discos rellenos de fluido presurizado. Algo para nada verdaderamente revolucionario si tenemos en cuenta que atravesamos ya pleno Siglo XXI.
 
Todo fue cuidadosamente evaluado, hasta la elección de la hora del evento, guiado por la temperatura adecuada, en un circuito con un trazado apropiado, donde los inconvenientes se minimizaron para un recorrido sin giros abruptos y radios apropiados para no restar velocidad de carrera a Eliud Kipchoge. Su familia, amigos, conocidos asistiéndole desde la línea de meta. Todo estaba preparado para el éxito.
 
Pero no, nada de eso se puede permitir soslayar el hombre en búsqueda del despropósito. No se puede tener en cuenta y aceptar que un corazón pueda vencer a una máquina, que la tecnología aplicada al ser humano eche sombras sobre el peligro del perder el control que, por códigos imaginados, el poder intenta seguir haciendo suyo si no le sirven para derrotar enemigos.
 
Eliud Kipchoge, se rumorea ahora, con unas zapatillas que le otorgaron una ventaja inapropiada, podría ser discutido por la consecución de tamaño logro, por más que dicho récord mundial no sea homologable. El atleta keniano bajó las 2 horas de maratón destrozando las fronteras mentales del deporte en general con una marca histórica de 1 hora, 59 minutos, 40 segundos. El resto no sirve para nada, ni siquiera el cuento de las ‘mágicas’ zapatillas de Kipchoge.
 

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