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Martín Onti: La piel del oso

TOKIO, Japón.- Nunca se debe vender la piel del oso si todavía este no ha sido cazado. Sin embargo, Nueva Zelanda al completo, técnicos, jugadores, aficionados y allegados de aquellos que a oídas de su marcada superioridad en el rugby mundial descontaban su triunfo sobre Inglaterra, tuvieron que lamentar lo sucedido ante los concentrados espartanos de Eddie Jones.
 
Esta Copa del mundo de Rugby en Japón 2019 viene obedeciendo a la particularidad de responder a la correcta actitud de los equipos, premiados con la mejor tajada del pastel, esa que les corresponde por derecho propio del momento y no por los pergaminos que se creen merecer quienes no tienen el convencimiento absoluto de cómo se juegan este tipo de torneos.
 
Volvió a ocurrir en esta crucial semifinal entre neocelandeses e ingleses, donde se enfrentaban el rey del hemisferio sur contra el patrón del norte. Las creencias del primero, el que se creyó campeón por anticipado, perecieron tras el Haka -su intimidatoria arenga guerrera en los prolegómenos de cada encuentro- y el otro, perdedor en los papeles imaginarios, entendió que bajar los brazos nunca sería lo de ellos.
 
Las actitudes importan en cada proceder, y el ímpetu británico pudo más en ese sentido que la confianza oceánica. Un partido que nos puede servir a todos nosotros, a manera de enseñanza, para comprender que la piel del oso no se puede poner a la venta antes de haber cazado al animal. Metafóricamente hablando, puede ser de mayor utilidad esta sentencia para comprender que la relatividad suele ser una convicción que nos ayuda a valorar la realidad.
 
Ganó su merecido partido Inglaterra, y con ello el privilegiado lugar en la final de Yokohama que su victoria ante los kiwis le otorga. Por ello a nadie debería sorprender que cuando hablamos de intenciones devenidas de la actitud, el entendimiento inmediato evita justificar aquello que en apariencia no la tiene.
 
Compenetrados al libreto de la obediencia y a un esquema necesario de juego ante los All Blacks, el quince de ‘La Rosa’ mereció el 19-7 final que, incluso, pudo ser más elocuente si los detalles, demasiados detallados, no hubiesen tenido las justificadas imágenes fundamentadas por el excelente arbitro galés Nigel Owens.
 
No se dan por sentadas cosas que no se han conquistado, tanto en la vida como en el deporte en este caso. Una lección para aprender que una vez más se le planteó a los dirigidos por Steve Hansen sin alternativa de solución sobre la marcha, muy a pesar de los intentos que el entrenador neocelandés buscara implementar desde el banquillo.
 
Los All Blacks, los terroríficos guerreros maoríes representados en su tradicional Haka, se quedaron sólo en el espíritu de sus ancestros que revive dicha danza inicial. Los ingleses, en cambio, continuan con su raciocinio en búsqueda de un nuevo campeonato del mundo para incorporar a esas vitrinas más humildes que la de sus adversarios de hoy.
 
Martín Onti

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