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Martín Onti: El espíritu de Madiba

TOKIO, Japón.- En Sudáfrica mencionar a Madiba es señal de liberación humana. Nelson Rolihlahla Mandela, el padre de esta Sudáfrica contemporánea, sobrevoló hoy espiritualmente el estadio de Yokohama en la gran final de la Copa del Mundo de Rugby 2019. La historia, sometida a lo lógicos cambios que deparan los tiempos modernos -es definitivamente hora ya- vuelve a demostrar con detalles radicales que cualquier análisis tiene su origen en el despertar a la realidad.
 
El triunfo de los Springboks ante Inglaterra, por un categórico 32-12, ha dejado en claro que nadie puede dar por garantizado pronósticos que dependan de la relatividad existencial. En los papeles, la Inglaterra de Eddie Jones figuraba como la campeona del mundo ante una rudimentaria y limitada Sudáfrica de Rassie Erasmus, sin embargo, los capitaneados por Siya Kolisi, el primer capitán de raza negra de los africanos, demostraron que el legado de Madiba sería, una vez más, su bandera de supervivencia.
 
Cuando un equipo basa sus gestas triunfales en el convencimiento de lo que hace, como es el caso del nuevo Campeón del Mundo, detallar las partes del todo se hace fácil para justificar la conquista del objetivo.
 
Desde lo deportivo, los Springboks entendieron desde el inicio de este torneo que la disciplina en el cumplimiento de un sistema de juego le conduciría a la victoria final, y a ello se abocaron en cada encuentro. No importaría el adversario a enfrentar, porque independientemente de quienes fuesen, el planteo propio sería el que les diera la identidad que propusieron desde un plano paralelo al juego.
 
Sabedores de su potencial físico, los hombres de Erasmus jugaron a imponer tal condición en cada enfrentamiento. La lectura de su técnico desde la implementación del método y la ejecución de sus hombres sobre el terreno de juego, fueron las basas sentadas que sólo necesitaban de la misma paciencia y disciplina que Nelson Mandela tuvo en su minúscula celda de Robben Island, frente a la pujante Ciudad del Cabo, para lograr una transformación que marcó la historia no sólo de su país, sino la del mundo de nuestros días.
 
Se jugó al rugby en Japón, sí, pero más allá del juego en sí, se jugó a ratificar vivencias que en situaciones extremas conducen al logro de objetivos comunes, a darse cuenta que la camaradería, por llamarla de alguna elegante manera, puede conquistar metas que fortifican una identidad sin importar color, religión, ni clase.
 
Ejemplo sudafricano al mundo en general, que entendiendo desde el primer día que cada instancia era de vital trascendencia, llegan a esta final como caballo perdedor que termina triunfando por mucho más que la simpleza de una única cabeza. Siya Kolisi levantó la Copa Webb Ellis que le otorga su tercer mundial a Sudáfrica en lo deportivo, pero el que debería significar el despertar de una humanidad en preocupante reposo todavía.
 
Martín Onti

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