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Martín Onti: La tragedia de Khabib y Conor

LAS VEGAS, Nevada.- No me animaba a escribir sobre el esperpento, sobre la vergüenza y sobre la dignidad que una contienda de ‘artes marciales’ terminó transformando en batalla campal lo que debía haber sido un espectáculo de entretenimiento en Las Vegas. Allí se dirimiría un combate entre Khabib Nurmagomedov y Conor McGregor para dilucidar el título mundial del peso ligero de la UFC -Ultimate Fighting Championship- la mayor empresa de artes marciales mixtas en el mundo.

Aún a día de hoy, y me temo que por muchísimo tiempo más, se hablará de este episodio de violencia incontenible hasta que otros estragos similares hagan más daño a nuestras sociedades desde dicha tribuna. Aquí, no son sólo nombres como los de Dillon Danis, de quien se dice fue el provocador desde la grada, o de Dana White, desde su cargo de presidente de la UFC, los que debieran someterse a un serio cuestionamiento, sino el sistema mercantil que no mide crueldades sino ganancias económicas.

El fondo de este desenlace sólo nos lleva, por donde decidamos andar, a la comparación con cualquier tipo de tragedia. Si nos atenemos a la definición del término tragedia, y debemos hacerlo para entender el alcance de lo visto en Las Vegas, esta contempla acciones de tipo dramático con reacciones fatales que generan espanto y compasión, con lo cual tanto ganador como perdedor terminan siendo involuntariamente parte de un final funesto.

El ruso Khabib Nurmagomedov ganó la pelea en un cuarto asalto donde sometió al irlandés Conor McGregor con una toma de llave de imposible escape otra que la rendición. La capitulación del perdedor significó la entrega moral de uno de los protagonistas al otro, quien hasta ese momento era el héroe invencible de una justa inevitable y dueño del destino que les enfrentaba. Hasta ahí, y en principio, los pasos de la tragedia se habían cumplido para la victoria deseada del mejor.

Sin embargo, y vaya a saber las razones ocultas de Nurmagomedov, el ruso saltó como un verdadero poseído por sobre la valla del octógono que sirve como tamizado de la lucha y arremetió contra sus propios demonios. El espectáculo dantesco siguió al final del combate durante minutos de espanto para quienes no alcanzaban a entender lo que sucedía y de entrañable tristeza para quienes podíamos darnos cuenta de dicha realidad.

Lo importante, que debería trasformarse en esencial, es analizar los hechos e intervenir resolutivamente, y no sólo para futuros compromisos de este tipo. Esta tragedia, entendida como tal, alarga la sombra del triunfador y la del perdedor como víctimas transformados ambos en héroes en un marco, por fortuna, controlado a tiempo, algo que parece no importar a quienes generan un negocio de tanto morbo y descabelladamente irracional.

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