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Santos Laguna. Foto: Imago7

Santos Laguna se terminó confiando y ahogándose

TORREÓN, México.- La Comarca Lagunera no vivía una derrota tan desconcertante, quizá desde aquel par de descalabros, 4-1 en Tijuana y 1-4 con América, en las fechas 9 y 10 del Apertura 2014. Los "Guerreros", en aquel entonces de Pedro Caixinha, mantenían cierta regularidad en el campeonato cuando se vieron sorprendidos por una seguidilla de ocho goles en contra. A partir de ahí, el rendimiento bajó, la liguilla se fue y sólo obtuvieron una victoria en las siete jornadas restantes.

En el deporte se puede perder, incluso contra el peor de la competencia. Como en la vida misma, caer está permitido, pero la forma en la que el cuadro albiverde sucumbió ante Dorados, le duele y molesta a su afición. Un trámite de partido que durante la primera media hora, antes de la pena máxima, no representaba mayor riesgo para la cabaña de Agustín Marchesín; sin embargo, al frente, se notaba una falta de sincronía.

Javier Orozco volvió a la titularidad, tras varios juegos con el representativo Sub-20. Fiel a su costumbre, peleó cada balón y se adjudicó tareas no propias de su posición, pero "Chuletita" no puede solo. Luis Ángel Mendoza, por la banda derecha, parecía estar "cascareando". Muy distinto al "Quick" que vimos contra Pachuca. Al final, el rival era Dorados, y aunque se cansaran de fallar, volverían a ofender el área sinaloense con cierta facilidad, hasta que el partido se les fue de las manos.

El Santos del argentino Luis Zubeldía está tan consciente de su potencial, que el pasado sábado en casa del "Gran Pez", le hizo confianza a las olas y terminó por ahogarse. Este equipo se sabe capaz, aunque no siempre lo demuestre. Los jugadores recuerdan que vapulearon a un Galaxy con figuras internacionales en cada línea, y que el "Grande, Muy Grande" América no pudo hacerles daño en casa, en una instancia final, continental.

La "Fiesta Grande" no está en riesgo (por ahora), mucho menos la continuidad de Zubeldía. El compromiso en Culiacán era una oportunidad para ratificar, ante un rival de muy pocas credenciales, que Santos venía con paso ascendente. Lo que pasó en la cancha del Estadio Banorte, esa irregularidad santista en noventa minutos, mermados por las bajas de Martín Bravo y Djaniny Tavares, fue el reflejo del técnico sudamericano cuando se veía en apuros al frente de Liga Deportiva Universitaria de Quito.

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