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La crisis de identidad del americanismo

CIUDAD DE MÉXICO.- La genética de todo equipo importante a nivel internacional y su mística son elementos que los diferencian y le dan una identidad particular, misma con la que sus aficionados se identifican para decidir defender sus colores sea cual sea la circunstancia en cuanto a resultados deportivos concierne. 

En México, América es uno de los equipos que cuenta con un ADN propio, hecho con base en logros en la cancha, títulos y hazañas que sus seguidores presumen ante la más mínima provocación. Una manera de entender el fútbol que sus figuras en la cancha, técnicos y dirigentes transmitieron a la feligresía americanista. 

La fórmula en el papel, parece sencilla; contar con jugadores extranjeros de categoría en conjunto con los mejores mexicanos, ya sea forjados en las fuerzas inferiores del club o con los arrestos suficientes para enfundarse en la camiseta azulcrema. Un juego propositivo en cualquier cancha, espectacular y agresivo, buscar ganar con autoridad y de forma convincente; es decir, el famoso "ganar, gustar y golear". 

La mezcla de estos elementos redituó en la época más brillante de esta institución durante la década de los ochentas, marcando un parte aguas en la manera en que la afición tomó la filosofía de su equipo y la mantuvo para los años venideros. 

Hoy, América parece estar teniendo una nueva etapa de éxitos bajo la gestión de Ricardo Peláez en la dirección deportiva del equipo; dos títulos de liga y dos de CONCACAF tras haber tomado un equipo casi en ruinas apuntan a un proyecto exitoso en Coapa. Sin embargo, hay una sensación entre el americanismo de inconformidad, un dejo de insatisfacción, una crisis de identidad. 

Y es que las llamadas "formas" son algo que al americanista le importa y bastante; es aquí donde radica esa contradicción entre el ganar y el proceso para hacerlo. Se confronta el discurso de "humildad" de directiva y cuerpo técnico con la soberbia en la genética de las 'Águilas'. Confunde la llegada de jugadores con "hambre y compromiso", cuando la gente se acostumbró a tener la expectativa de algunas "bombas" internacionales o, al menos, hombres de probada calidad y cualidades. 

En pleno Centenario de su fundación, América parece estar extraviado, sin encontrar la congruencia entre su forma de ser con sus acciones actuales; cambió el discurso, eso sí, sin perder el protagonismo que históricamente lo persigue. 

Será este el semestre donde el pueblo azulcrema espera un reencuentro con sus raíces y dejar atrás por completo esta crisis de identidad que los ha puesto entre las copas y su esencia; entre la rechazada humildad y su altanería; entre la austeridad y la opulencia.  El americanismo pide que su voz sea escuchada en su año.

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