El verdadero dueño del Ferrari Amarillo

MÉXICO, DF.- El miércoles a media tarde vimos lo que fácilmente pudo haber sido una telenovela acerca de un divorcio ejemplar. Ambas partes, Gustavo Matosas y Ricardo Peláez, salieron ante los medios de comunicación a decir que terminaban su relación laboral como los mejores amigos, que nunca hubo peleas ni golpes, que seguirían siendo entrañables e incluso charlarían de vez en cuando de fútbol. La verdad, es que al igual que a las novelas que produce la televisora dueña de las Águilas, no les creí nada.

Esto no es la primera parte de un mal guión escrito en las oficinas de San Ángel, para mi esto es la secuela, de una película mucho más larga que empezó con la llegada de Peláez al América. Un largometraje que seguirá produciendo segundas, terceras y cuartas partes hasta que la formula deje de funcionar.

En diciembre del 2014, apenas hace 6 meses, se llevó a cabo la primera parte de este drama de televisión, en el cual a semanas de terminar el torneo y con el América peleando por la obtención del título, se toma la decisión de cesar a Antonio Mohamed, por motivos que aún son del todo inciertos, el “Turco”, siguió adelante en la liguilla y los llevó a conseguir la tan ansiada corona número 12 para los azulcremas y aún así la decisión de patear a Mohamed fuera de Coapa se mantuvo.

Lo que hay que entender fuera de todo el drama que rodea al América, es que Ricardo Peláez es el verdadero dueño del Ferrari Amarillo, y que el “Piojo” Herrera, Antonio Mohamed y Gustavo Matosas simplemente han sido los choferes a los que el directivo americanista confía tan lujosa máquina y a los que da instrucciones precisas de hacia donde ir y a que hora hacerlo. Como todo buen dueño de uno de estos fastuosos automóviles, se ha vuelto prepotente y despiadado, en el momento en que el conductor de su “Cavallino Rampante” no hace exactamente lo que se le pide, simplemente lo despide y contrata uno nuevo.

La directiva azulcrema podrá decir misa, pero a los ojos del público queda claro que ante dos grandes técnicos, la falta de paciencia y sobre todo de tacto para manejar este tipo de situaciones por parte de Ricardo Peláez y de Pepe Romano, ha jugado un papel protagónico en las historias del Club América.

Ahora, el Ferrari se encuentra estacionado y en espera del arribo de un nuevo chofer que esté dispuesto a manejarlo, un conductor que sí quiera ponerse los trajes del patrocinador, uno que no discuta con Peláez acerca de refuerzos, un chofer que permita que se le impongan alineaciones, un piloto que aguante las pedradas cuando las cosas se ponen difíciles, uno que soporte los complots de sus propios jugadores y todo para que a fin de cuentas le den las gracias como a todos los demás.

La pregunta que yo me hago es: ¿Porqué no te atreves a manejarlo tú, Ricardo Peláez?

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