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"Cuau" en el Azteca: Crónica de una despedida anunciada

MÉXICO, DF.- Este sábado en el Estadio Azteca un gran ídolo se despidió de lo que siempre fue su casa durante más de 22 años de carrera. Cuauhtémoc Blanco dijo adiós a la cancha del Coloso de Santa Úrsula como futbolista profesional.

No hubo goles espectaculares, tampoco “Cuautemiñas”; tampoco pudo ayudar mucho a su equipo, ni mucho menos marcar la diferencia, pero el "Cuau" logró que la gente le rindiera pleitesía. 

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En un partido muy cerrado, el “Profe” Cruz, se decidió por no mandar al ídolo de Tepito desde el inicio. Prefirió apostar por el orden defensivo y por tratar de mantener el cero en su portería. Cuauhtémoc vio todo el primer tiempo en la banca.

Para la segunda mitad se veía en el rostro de Blanco desencajado, con ganas de entrar al terreno de juego, todavía tuvo que esperar. Cuando el “Profe” dio la indicación para que empiece su calentamiento, el Estadio Azteca se expresó al unísono. La emoción estaba a flor de piel.

Llegaba el minuto 70 y todavía no había indicios de que Blanco fuera a entrar al campo en un partido tan cerrado; la decisión del técnico de Puebla fue aguantar el cambio lo más posible, pero cuando todo el estadio empezó a corear el nombre de Cuauhtémoc al minuto 74, el “Profe” no aguantó más y mandó llamar al ídolo mexicano.

El pre candidato a la alcaldía de Cuernavaca hizo su entrada triunfal al minuto 77 al suplir a John Freddy Pajoy y la ovación fue ensordecedora. No había un alma en las gradas que no estuviera de pie y aplaudiéndole al "Temo". Ese andar encorvado, sus reconocidos ademanes y sobre todo su presencia en la cancha nunca podrían pasar desapercibidos, Cuauhtémoc estaba en casa.

Cuauhtémoc no tuvo muchas intervenciones. Al 78' tocó su primera pelota. Al 79’ recuperó un balón fuera de su propia área y se quitó un par de rivales para mandar un pase al frente.

Al 85’ recibió una falta de Ventura Alvarado, quién no se fue sin su dosis de jarabe mandibular. Al 86 el “Rey del Taco” como muchos le apodan, nos regaló un "taquito" para habilitar a un compañero.

Al minuto 90 se anunció que se agregarían tres minutos, los últimos tres minutos de la leyenda.

La última pelota que tocaría Cuauhtémoc en el Azteca sería un tiro de esquina que fue despejado por la defensa; el árbitro pitó el final.

El partido terminó, pero las ovaciones para el ídolo de millones continuaron durante varios minutos. Blanco se dio tiempo para dar la vuelta por la cancha y agradecer a una afición que le quiere mucho. Blanco, el hijo pródigo, se va de casa para nunca volver y la gente lo sabe, por eso siguen coreando su nombre.

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