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Martín Onti: Lo que disimulaban Cruyff y Messi

MADRID, España.- Se hace apropiado, dadas las circunstancias, desconfiar de las gestiones que se dicen suelen ser las que una entidad exige, y que en su lugar sólo son convenientes a unos cuantos. Este despropósito institucional por el que ha atravesado el FC Barcelona y que le ha significado tocar el fondo de la barrica en que se encuentra, sin saber si aún este es el verdadero fondo, va poniendo al descubierto las desventajas que la mala administración ha ejercido durante mucho tiempo.
Pero, no todo termina allí para el club blaugrana. Este punto de no retorno bien puede llegar a ser el inicio de una caída más drástica a nivel futbolístico-institucional, siempre y cuando la conducta general de la entidad catalana no analice cada punto de una estrategia que no ha dado resultados deseados estos últimos años y, además, revisando esa estricta perspectiva político-social a nivel de la propia Cataluña.
 
 
El trauma del Barça nace en la región. Es una temática tan especial como particular. Una problemática que no contempla el RCD Espanyol, y ni siquiera el Girona, el Sabadell, el Lleida o el Nastic, con un arraigo, inclusive, más cercano a la tierra de ‘la Senyera’ que las propias huestes de Xavi Hernández. El origen, estoy convencido, es el cerrojo mental que el tiempo no ha podido liberar aun. Las cadenas de liberalización pueden no ser reales, si no sólo el producto de la imaginación ancestral alimentada erróneamente durante mucho tiempo.
Insisto, como en muchos otros artículos en que lo hemos tratado de poner en claro, el problema que durante mucho tiempo encubrieron los objetivos futbolísticos logrados por Johan Cruyff y Lionel Messi, o el ocasional ciclo triunfal de Pep Guardiola, no ha sido la falta de buen fútbol, sino las falencias políticas-sociales de un club con una visión muy sesgada en dirección a su propio victimismo y al reflejo insano que sigue provocando la imagen de Madrid.
No es deportivo el causal de este momento catastrófico que atraviesa el Barça de Joan Laporta. Esto es producto de muchos años, muchos más de los que el ‘método Can Barça’ podría indicarnos y se remite a la historia que encontramos del otro lado del puente aéreo, allí donde está la raíz de este eterno ‘Déjà Vu’ culé. Si tenemos que hacer memoria -de la productiva se entiende y no de la mundana- en la acérrima rivalidad con el Real Madrid encontraríamos el porqué de este momento que les condena. Por ello la pancarta de Laporta postulándose para presidente se montó frente al Santiago Bernabéu. 

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Xavi no es Cruyff y menos Messi y su magnetismo, ni tampoco el joven estratega tendrá a su disposición los astros alineados que encontró Josep Guardiola cuando el de Santpedor hizo del FC Barcelona el mejor equipo de mundo durante un par de ya efímeras temporadas. En aquella ocasión, además, el club no era ni por asomo el manojo de despojos que es hoy.
Lo que han hecho en la entidad que gobierna la Ciudad Condal, es pretender tirar de jinetas de poder creyendo que bastaba con calzarse la camiseta azulgrana para exigir la gloria pasada, y
nada de eso es más irreal que el éxito por decreto. El FC Barcelona ha quedado en irremediable estado comatoso y sólo le queda trabajar con humildad despojándose de esa faceta de víctima,
para superar esta auténtica debacle que durante algún tiempo disimularon, sobre todo, CruyffMessi.
 
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