Martín Onti: La mesa de 5

Difícil acertar en el porqué una persona habla descalificando gratuitamente a otra. Difícil, digo, porque no se me hace una norma andar destilando bilis gratuitamente y, encima, errando en el fundamento que hace de tal afirmación todo un bumerán en su contra, no quizás a nivel deportivo, como es el caso de las recientes declaraciones de Pelé decapitando a Lionel Messi como aceptable ladero de su gloria futbolística, pero, sí a nivel humano. Y esto es lo más triste.
 
Evadirse de un punto de vista sentimental de marcada postura personal se hace imposible, como primera alternativa, más aun conociendo al dueño de las afirmaciones que ayer en el RCDE Stadium de Cornellá el Prat quedaron dilapidadas. En la visita del Barcelona al campo del Espanyol, aquellas palabras de Pelé, sí el gran Pelé, perdieron el valor que su egocentrismo había destacado en favor de su propia figura deportiva y en contra de Messi. Una descalificación tan gratuita como improcedente.
 
Puede que para algunos, muchos o pocos, Lionel Messi jamás pueda aspirar a sentarse a la mesa de Pelé y Maradona para compartir el producto de sus gestiones deportivas. Desde una determinada óptica futbolística podríamos comprender el análisis de comparaciones que llevan, a quienes comparten el pensamiento del astro brasileño, a justificar el hecho de que el capitán del Barça jamás pueda igualarse a él mismo y a, su ahora ‘socio’, Diego Maradona. 
 
Sin embargo, y si así debiéramos tomar la afrenta desde el punto de vista del balón, ayer en la capital catalana las aseveraciones de Edson Arantes do Nascimento pasaron a formar parte de un ridículo que se suma a la larga historia de contradicciones que deben ser tenidas en cuenta cada vez que ellos, ya sea Pelé o ‘El Diego’, mezclan fútbol con el día a día de los mortales.
 
Los sentimientos deben tener la libertad de la expresión, es verdad, porque para ello son sentimientos. Sin embargo el cuidado de los malos debe estar siempre por encima de la libre exposición de los buenos. Hablar mal de Messi en fútbol es muy delicado, no porque ‘La Pulga’ sea implacable como jugador, sino porque para hacerlo de la forma artera y hasta mal intencionada que lo hace Pelé, y en ocasiones Maradona, la red de seguridad de las lenguas viperinas debe estar bien asegurada para aguantar la dura caída en caso de equívocos.
 
Esto acaba de pasarle una vez más a ‘O Rei’, y ya le ocurrió a Maradona en más ocasiones que al paulista quizás. Ayer Lionel Messi volvió a demostrar que va entrando, sin permiso y por derecho adquirido, en una atalaya de elegidos en la que está el propio Pelé con Diego Maradona sentados a la par de Alfredo Di Stéfano, Johan Cruyff y los cubiertos del capitán azulgrana.
 
Al margen de una explicación futbolística, con la que se podría estar de acuerdo o disentir dependiendo del argumento deportivo que se defienda, está la otra, la que descubre al ser humano a través de sus opiniones personales, esas mismas que los que deben callar las exponen dejando la puerta abierta al más triste y lamentable desnudo de sus almas. Aún así, y por ahora, la mesa sólo admite cinco comensales, le guste a Pelé o no.
 

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