Martín Onti: La importancia de los sentimientos

Fácilmente se pueden comparar situaciones en el fútbol para sacar conclusiones que, desde las matemáticas que proponen las gestiones sobre el terreno de juego, nos ayuden a entender mejor la simplicidad con que este deporte debe ser conceptuado. Siendo imparcial en las consideraciones generales, pero, particularizado por los sentimientos, las razones no difieren de las que usualmente consideramos en nuestro propio día a día.
 
Si el éxito de algunos se opone al fracaso de otros, es porque hay razones para aceptar que los motivos de un ser humano inciden en el desempeño de sus actividades, y que sus comportamientos tienen directa relación con los momentos que a cada uno de ellos les toca atravesar de cara a lo irreversible de un juicio.
 
El salir de situaciones de angustia conlleva tanto trabajo como el de mantenerse en el terreno de la alegría. Las fluctuaciones del espíritu, con predisposiciones hacia el abandono o la superación, hacen que alguien se pueda auto-condenar al fracaso o navegar hacia el éxito. Tomaremos para ello, ejemplos de dos equipos tan conocidos y populares como el Barcelona y el Real Madrid para proponer un juego fácil de entender, con casos similares de negativismo y positivismo dentro de un entorno parecido.
 
Nadie que se precie de ser aficionado al fútbol, inclusive en términos medios, queda absuelto de no estar informado sobre quienes son Ousmane Dembélé y Philippe Coutinho en el conjunto catalán, ni quienes son Vinicius Júnior y Francisco Alarcón, Isco, en la entidad madrileña. Esto debe ser contabilizado como un punto de partida obligatorio para entender este sínodo futbolístico.
 
Hablemos de los delanteros en primera instancia y elaboremos un paradigma entre ellos. Rapidísimos el uno y el otro; tremendamente hábiles en velocidad; técnicas depuradas en el regate; atrevimiento necesario para triunfar en una posición que precisa de sus cualidades; y ambición en la búsqueda de la portería rival, les hace coincidir en sus puntos fuertes. Ambos postergan a la juventud y a la despreocupación por la conquista del momento como la parte de una lógica que llegará sólo con la madurez.
 
Acertemos a entender ahora a los otros dos. Futbolistas de línea media ambos, de perfiles ofensivos; experimentados e inteligentes; pensadores innatos de la táctica conveniente acorde a la estrategia que el juego demanda; obligados definidores de segunda línea con aptitudes innegables para ello y hermanados en la astucia para cubrir tanto terreno como puedan; ejes del juego que deben ser tomados como tal a riesgo de perderse en la depresión futbolística cuando caen en la desgracia del ‘segundismo’ dentro de un equipo.
 
Tanto Dembélé y Vinicius, como Coutinho e Isco, necesitan atención y comprensión. Ninguno de ellos puede sobrevivir en la soledad de la desatención, de la falta de estima y con la ignorancia como señal de castigo. Los primeros están en su esplendor por el apoyo incondicional y el cariño que se les brinda. Los segundos, por adolecer de ello, justamente, se codean hoy en el límite del infierno que sus almas no digieren porque en el fútbol también cuentan los sentimientos. 
 

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