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Martín Onti: La desnudez del espíritu

MADRID.- Ya están clasificados los dos finalistas para esta contemporánea Supercopa de España. El lugar poco importa ya, las conveniencias explicadas por parte de Luis Rubiales, sobre la justificación económica de jugarla en Arabia Saudí, apacigua un tanto los ánimos caldeados en territorio español y los pormenores paralelos que levantan críticas sobre la creación de esta nueva sede en la península arábiga, pasan al segundo plano en que el fútbol deja a los pretextos.
 
El Real Madrid y el Atlético de Madrid son justos candidatos a jugar la finalísima de este novedoso formato cuadrangular creado con evidentes propósitos económicos. Pero, no vamos a hablar del aspecto comercial de fondo porque sobre lo que debemos hacer hincapié ahora, es sobre el juego en sí que vimos en ambas semifinales.
 
Hablaremos de fútbol primero para luego entender la esencia que les conduce a esa instancia final, y en ello lo lógico es darle prioridad al análisis de los partidos en que sendos equipos madrileños se impusieron a sus pares del Valencia y el Barcelona respectivamente.
 
En el primer encuentro de estas semifinales en el King Abdullah Sports City Stadium, el conjunto de Zinedine Zidane terminó arrollando a placer a la escuadra de Albert Celades. La experiencia del técnico francés, con un planteo de juego devastador, sometió a los valencianos casi a voluntad para justificar un triunfo inapelable. Futbolísticamente el Madrid fue superior de principio a final y a partir de ese aniquilamiento estratégico-táctico, quebró anímicamente a los del Turia hasta convertirles en fantasmas corriendo sin sentido detrás del balón.
 
En el segundo partido, y aunque el proceso analítico sea diferente, los mismos catalanes terminaron desnudando esa falta de espíritu que es propiedad absoluta de los azulgrana hace muchísimo tiempo sin reacción alguna desde el banquillo. El ‘Atleti’ de Diego Simeone, que fue menos en el aspecto futbolístico y muy poco más en la entrega del alma, apenas si le bastó jugar con el mínimo nivel de enjundia para quedarse con una victoria que les asegura quedarse en el lujo de Yeda hasta el domingo, cuando dirimirán con su adversario capitalino la Supercopa de España.
 
Entre ayer y hoy, hemos visto dos distintas maneras de desnudar el alma humana en tierras árabes. El Real Madrid delató la inoperancia del Valencia con una medida soberbia de gestión bien urdida desde la idea propuesta por Zidane y la consecuente capitulación de los dirigidos por Celades a la superioridad del rival. Esta noche, esa ‘cesión’ estuvo dada por una dejadez del alma a la que casi siempre se entrega este Barça de Ernesto Valverde y así, la esencia siempre termina desnudando al espíritu.
 

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