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Martín Onti: Hacia la evolución generacional

El tiempo va pasando y va también amenazando con enterrar la esperanza que las pasadas generaciones del fútbol español nos dieron y que sirvieron para sentarnos a la mesa de los mejores en este deporte. En la actualidad, se han ido limitando esos espacios ganados con el sufrimiento de aquella exquisitez que rompió la dureza de un juego parco con el que se identificaba a España, antes de que Don Luis Aragonés cambiara el concepto del juego.
 
Eran tiempos de alegrías, de repartijas de triunfos y derroche del existencialismo que nos regaló la gloria desde el 2008 al 2012. Era como ser joven y saberse eterno, sentirse inmortal y tan dichoso como que nunca terminaría la fiesta. Se pensaba con convencimiento que el barril entregaría siempre el mejor vino, que la vid de la misma cepa entregaría siempre el producto final del gusto anteriormente saboreado. Pero no. Como una tempestad sin aviso los viñedos alteraron el fruto y este, el sabor acostumbrado.
 
Las eliminatorias rumbo a la nueva y modélica Eurocopa 2020 va entregándonos sus clasificados. España si bien con una goleada categórica ante Malta se hizo con una segura plaza a la misma y consiguió matemáticamente, tras la victoria ante Rumanía, la posición deseada como cabeza de serie para evitar a adversarios de cuidado en el sorteo, sigue sin convencer.
 
Expuesto el fin, vamos a las causas que preocupan ahora a esta España de hoy, donde Robert Moreno debió hacerse a un costado en otros términos, sin haber tenido que recurrir a hacer tanto ruido silencioso para dar paso a Luis Enrique Martínez. No entiendo a veces al ser humano, cuando apropiándose de lo ajeno, lo hace suyo sin el descaro de ni siquiera ruborizarse.
 
En fin, a pesar de lo conseguido por el estratega catalán, Moreno no estaba tranquilo en su puesto, y no porque su gestión haya sido improductiva al frente de ‘La Roja’, sino porque el ‘glamour’ requerido no era parte de su curriculum vitae, para eso estaba Luis Enrique y lo seguirá estando por mandato de las circunstancias de aquí en adelante.
 
Si en un mundo de tantas urgencias, de números que deben coincidir con el buen perfil personal de quienes entregan un buen producto, no se encuentran futbolistas consolidados, que sean confiables en la búsqueda del éxito y, encima, bajo una conducción zigzagueante, la operación tiende al fracaso. Si para mantener los logros del pasado reciente necesito acudir a una vieja guardia que me equilibre el equipo, entonces sí, corresponde contemplar involuciones por inconvenientes generacionales.
 
En ese plano inclinado se encuentra España hoy, y no sólo en el reflejo anímico que su seleccionado nacional demuestra, sino en el que su liga nos devuelve con efecto espejo tras trece jornadas. Avivar la esperanza de retorno a los buenos tiempos, significa buscar la evolución de manera que el camino sea factible. Regresar a Luis Enrique es una forma de intentar la evolución generacional que todos ansiamos para el fútbol español… y que conste que no hablamos aquí del desencuentro entre aquellos viejos amigos. Eso es tema para otro momento.

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