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Martín Onti: Fútbol, política y poder

Se dice que como el agua y el aceite, la política y el fútbol jamás se mezclan. Sin embargo, puede que nadie se haya percatado que los componentes pueden desconocer sus propiedades cuando de un balón relacionado al poder se trata. No es tan lapidario que uno vaya por un lado interviniendo en el formato de otros, más aún en estos convulsos tiempos modernos que nos gobiernan. A todo nos estamos acostumbrando.
 
Casi nadie en el mundo puede hacer caso omiso a lo que sucede en la actualidad en el ámbito político, y menos todavía en el entorno futbolístico. Hoy en día ambos podrían ir por separado, pero los polos se juntan en cierto punto para apoyarse mutuamente por necesidades que se han ido haciendo una norma.
 
En relación al conflicto independentista que atraviesa Cataluña esta semana, variadas han sido las demostraciones por parte de adeptos a una causa que se respeta desde una atalaya imparcial, esa que intentamos no incumba en lo que debería importarnos, que es el fútbol desprovisto de serviles empatías o marcados antagonismos.
 
Sin embargo, cuando este tipo de situaciones de consenso público llega a la superficie, se hace muy difícil que la abstención de deportistas politizados por circunstancias de sus propias vivencias, no aparezcan en escena para verter sus pareceres, procederes y conveniencias.
 
Este siempre ha sido el caso de aquellos involucrados en la vida social de un país, de una región o de una ciudad que les compete. Josep Guardiola ha vuelto a irrumpir en la escena política con mensajes de marcado apoyo nacionalista a su comunidad, con opiniones que, por ser quien es hoy el técnico del Manchester City, toman un carisma mucho más protagónico en la esfera internacional que si las hiciera cualquier payés catalán. Algo que no sé muy bien cómo ha caído en el seno dirigencial del club inglés, aunque de Qatar no haya dicho ni una palabra.
 
No es el primer caso, y me temo tampoco será el último, en que un hombre del fútbol utiliza la política para la conquista de sus objetivos. Nada debería resultar extraño desde un punto de vista regido por la simpleza de las opiniones hasta que estas se conviertan en todo un propósito concreto. Recién allí, aunque tarde a veces, el juicio provoca una respuesta personalizada desde la acera de enfrente.
 
Ejemplos nos sobrarían para entender intenciones que, en principio, nacieron de lo teóricamente ‘naive’ que puede encerrar la política como pasatiempo de gente allegada al fútbol, hasta que los Silvio Berlusconi, los Mauricio Macri, Diego Maradona, George Weah, Romario, Cuauhtémoc Blanco y tantos otros, se convierten, inevitablemente, en esclavos de sus propios ideales. Sean estos los que fuesen.
 

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