Martín Onti: El tren de la inmortalidad

Solemos llegar siempre a la misma plataforma de espera donde pasa el mismo tren de costumbre. Como un eterno retorno, el ser humano repite situaciones que ha vivido con anterioridad. Ese regreso a lo sabido que se presume caprichoso y que no parece tener antídoto eficaz para hacerlo desaparecer, suele atacarnos de vez en cuando como el desafío que una nueva oportunidad nos brinda para resarcirnos de fracasos anteriores. 
 
Nuevas sensaciones, y la experiencia a cuestas del pasado, son los motivos que nos mueven a pensar en derrotar a ese enemigo invisible que es el miedo, del que nadie escapa, ni siquiera consumados triunfalistas que han conseguido logros trascendentales. El común denominador del pánico intangible define a hombres que a nuestros ojos son ilustres ganadores, pero, con presentes que no se diferencian del de cualquier mortal.
 
Considerables son los nombres en el firmamento del fútbol que aplican para esta ecuación. Jose Mourinho, Marcelo Bielsa, Josep Guardiola y tantos más que no tendremos en cuenta ahora para no escaparnos del Reino Unido, donde nos centramos ahora para equiparar situaciones y comprender el éxito, el fracaso, las historias personales y esa comunión entre ellos que les une tanto en el paraíso de la gloria como en el infierno de la derrota.
 
No se puede ignorar la capacidad de cada uno de ellos. Hablar de sus conquistas se haría redundante simplemente porque su palmarés le sostienen más allá de nuestras interpretaciones. No podríamos hablar más allá de lo general para acceder a sus triunfos donde de poco sirven las particularidades de cada uno para esta comparación. Diferentes en sus formas y variantes para ganar en el fútbol, Mourinho, Bielsa y Guardiola siempre llegarán a la plataforma del último tren con la misma convicción.
 
Distintos han sido sus caminos, porque distintos han sido sus obstáculos. Sin embargo y a pesar de ello continúan, y seguramente continuarán, deshaciendo el camino con sus mismas fórmulas. No concibo a ninguno de ellos cambiando su rumbo para enfrentar a sus fantasmas. El por ahora desconocido que le espera al estratega portugués tras ser despedido del Manchester United; el excitante que desafía el técnico argentino para subir de categoría la Leeds United; y el del español enfrentando, con el Manchester City, el sueño inconquistable de la Champions League que parece sólo haber alcanzado de la mano de Xavi, Iniesta y Messi.
 
Ellos siempre aguardan por un último tren sin importar que tan desconsiderados sean los horarios. La espera, para cada uno de ellos, resulta conocida a sabiendas de que es la única manera de acceder a la tan ansiada inmortalidad personal. Un nuevo club de primera línea para el setubalense, el acceso privilegiado a la Premiership inglesa para el rosarino, y la ‘orejona’ con los citizens para el catalán, viajan en alguno de esos vagones que pacientemente confían abordar aunque con el miedo a cuesta.
 

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