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Martín Onti: El mejor del mundo

A medida que el tiempo corre, que pasan los años y se va acercando el final de la carrera deportiva de Cristiano Ronaldo, cada declaración del atacante portugués es una verdadera propuesta de asombro, al menos para muchos de nosotros. Me rindo a la esperanza de creer que un día me sorprenderá aceptando su presente y poniendo en claro su dolor. Ese dolor de saber en sus fueros más internos que jamás llegará a ser el mejor de los mejores.
 
Cristiano Ronaldo es un excelente atleta, una máquina física diseñada para soportar entrenamientos increíbles. Paciente, trabajador incansable y dueño de una perseverancia que no muchos humanos poseen. En base a estas cualidades el futbolista luso ha podido estar en el pináculo del rendimiento deportivo y gracias a ello, fundamentalmente, está considerado, aún hoy, como un jugador de fútbol excepcional.
 
Con 34 años, el actual delantero de la Juventus de Turín ve cada vez más cerca su final como profesional de élite, quizás por ello arremete desde la insatisfacción y despotrica contra el mundo. Señala y reclama a manera de acusación soslayada, y desde una posición de ídolo, un trofeo que no sólo no lo merece sino que además le quedó sobrado en algunas de las temporadas en que le fue acreditado.
 
No vamos a desmenuzar por separado cada una de las aptitudes futbolísticas de un jugador para justificar si es más importante ofrecer resultados o esencia para los merecimientos, si estadísticas o conceptos para sostener la elección de a quién se le debe otorgar un premio, y no cualquier premio sino el de ‘El mejor del mundo’, el del honor de ser una figura que destaque por sobre todos los demás.
 
Pero, ‘hete aquí’ que cuando a alguien se le endilga un galardón como este, de tanta trascendencia histórica para este deporte, el cúmulo de apreciaciones a tener en cuenta debe corresponderse con todas y cada una de las condicionantes en que se basa una decisión. En este caso acerca de la convicción de nombrar a alguien como el mejor del mundo en su especialidad.
 
La medida que dictan los parámetros, que siempre deberían haber dictado los parámetros, pasa por una comparación de objetivos variados que aporten al propósito que se persigue, y ese objetivo principal radica en la luz que aclare el final. Si como en este caso, la temática es el fútbol, lo más lógico es comparar ecuanimidad, entidad, actitud y méritos profesionales y personales para nombrar al mejor del mundo. Esto es lo que Cristiano Ronaldo parece no haber entendido aún.

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