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Martín Onti: El frustración, la cinta y el adiós

Nadie, absolutamente ningún mortal sobre la faz de la tierra futbolística podría negar la aptitud y la calidad goleadora de Cristiano Ronaldo, sin embargo, tampoco nadie puede negar la existencia de una seria y preocupante animadversión hacia el crack portugués en la gran mayoría de los escenarios donde el fútbol es el centro de atención primaria.
 
Le ha sucedido allá adonde fuere. Esto le ha pasado al hoy atacante de la Juventus en cada liga que ha jugado, excepto cuando despuntaba maneras de figura internacional en su Portugal natal y cuando juega allí con su selección nacional. Pero, puestos a hacer memoria, llama la atención que no exista sitio en el entorno del fútbol mundial en que CR7 no haya sido pitado por un sector de las gradas.
 
Al escribir este artículo sobre el capitán del conjunto de Fernando Santos, y como cada periodista que lo hace, tocar el tema de Cristiano se convierte en un desafío. Por un lado debemos centrarnos en lo que concierne al juego y todo lo que estratégica, táctica y técnicamente lo rodea de manera particular, pero, no podemos quedarnos absortos de los detalles que hacen a lo general que encierra todo deporte.
 
Es entendible la frustración que conlleva la derrota producto de un fracaso, y sobre esto cada uno de nosotros puede dar fe. Un sentimiento de dolor es difícil de controlar, más aun teniendo en cuenta dónde y cómo se debe o no manifestarlo. 
 
Analizar la esencia del problema, de este tópico en especial, nos llevaría a Madeira, a su niñez, a su adolescencia, al entorno familiar y a su juventud, a todas las etapas y círculos en los que se desenvolvía Cristiano Ronaldo antes de llegar a ser quien es hoy. Pero como aquí no estamos para hacer de terapeutas y descubrir el otro yo de su personalidad, apenas juzgaremos objetivamente la reacción al término del partido en Budapest de un hombre que debe tener sobrada cuenta de quién es.
 
Tirar la cinta de capitán, siendo guía de un grupo y de una afición, al suelo, pisotearla y patearla, lleva implícito defraudar una confianza que se deposita en personas con control sobre sus reacciones, y en esto ha fallado Cristiano Ronaldo. No con nosotros -con quienes opinamos desde la comodidad de la lejanía- sino con quienes de una u otra forma pusieron sus esperanzas en su liderato. 
 
El líder debe ‘tragarse’ siempre los malos momentos, le guste o no. De esa madera están hechos los adalides inmortales. Cristiano Ronaldo ha tenido buena y mala fortuna en su vida; la primera lo convirtió en el fantástico atleta-goleador que es, la segunda le puso a Lionel Messi en su camino. Debemos tratar de que el adiós sea dulce, nunca amargo.
 

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