Martín Onti: El Cirque du Soleil

Terminó el suplicio-show que se montó en el Santiago Bernabéu. Toda una puesta en escena que concluyó con la imaginable alegría de uno y la previsible tristeza del otro. Con el triunfo de River Plate sobre Boca Juniors y la obtención de su cuarta conquista de Copa Libertadores de América. El triunfo, así contado, fue para quien se lo mereció a pesar de una limitada entrega de mediocre tecnicismo general. Uno fue el vencedor cuando comprendió la pobreza ajena, el otro sólo matemático como única alternativa.
 
El partido ha dado la impresión de haber sido un verdadero montaje entre hollywoodense y tercermundista. Fútbol de aldea jugado en escenario de lujo y puesta de largo que sólo en las grandes ocasiones se muestra. Detalles sospechosos que invitan a pensar en los fuertes rumores que rodearon a este clásico ajeno a Europa pero que de alguna manera se lo quería recrear en el primer mundo. Las causas, si debemos atenernos a los chismes, sentencian a algunos señores de pantalones largos involucrados en esta escenografía deportiva de aparentes conveniencias mercantiles.
 
Desde directivos de peso considerable en el fútbol hasta tantos otros que serpentean oscuramente los pasillos de las más notables federaciones y gobiernos afines, incluyendo a protagonistas que se hacen necesario para ampliar el ‘cachet’ del espectáculo, muchos son los que se integran a una gran familia que me recuerda, si de entretenimiento se trata, al famoso Cirque du Soleil canadiense.
 
Si a la impavidez con la que se montó pacientemente este espectáculo, mitad juego y mitad bochorno, se le suman las utilidades que de este partido nacen para un futuro no muy lejano, y ya programado entre las entidades más elitistas del mundo, la conjunción de los vectores nos acercan a imaginarnos una Superliga Mundial que contemplaría ahora también a los dos grandes de Sudamérica tras ser presentados en la alta sociedad a que los socios principales se deben.
 
Si este espectáculo con la puesta en escena general de tiempos y detalles escenográficos que hacen a un todo buscado, constata la creencia de que no estaríamos tan equivocados al imaginar jornadas en Alemania entre uno de estos finalistas y el Bayern de Múnich, o en Inglaterra contra los equipos de la industrial Manchester, o en Francia contra el económicamente poderoso París Saint-Germain, nos permitiría imaginar fácilmente a River o a Boca irrumpiendo en el negocio internacional con sede en Argentina.
 
Desde el atrevimiento a que se han animado aquellos ocultos nombres -aunque les conozcamos de memoria- a la realidad que presagiamos, nada nos debería sonar a extraño teniendo en cuenta lo ocurrido en Madrid este domingo. El juego, la performance y la verdadera entrega a un elogiable nivel profesional -como lo hacen por estricta exigencia los casi 1500 artistas del Cirque du Soleil esparcidos alrededor del mundo- debe también poder cumplirse en cada equipo de dicha Superliga. 
 
El circo de Montreal respeta el escenario y las gradas, ambas son importantes y limitan la entrega y calidad del show por igual. El fútbol, en cambio, en este encuentro, sólo necesitó del exterior sin importar en demasía que la entrega haya coincidido con el resultado final. En el Santiago Bernabéu, pese al triunfo final de River Plate, la esencia sólo la cumplió lo pintoresco de un escenario con figuras de relieve enriqueciendo el argumento de lo que se ofreció como entretenimiento.
 
En las gradas, y en los despachos, casi todos cumplieron y fundamentaron un lleno espectacular y altas cuotas de interés mediático. Un colorido que vende más que el juego en sí, con presencias de quienes se prestan a la vidriera exponencial como Messi o Griezmann en los palcos del Bernabéu, asegura de mejor manera el éxito comercial sin importar, como en este caso, que los protagonistas principales estén a la altura de la honestidad del juego.

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