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Martín Onti: Bar, Barto-Me, Barto-Meu

Juego personal de palabras para expresar un sinsentido con tendencioso sentido. Descodificación de siglas que en el fondo intentan dar un mensaje que muchos se han venido imaginando hace un buen tiempo a esta parte. Fue Gerard Piqué primero en la subliminal respuesta a los ataques de desprestigio en contra de su persona y fue más letal, luego, Lionel Messi señalando a Josep Maria Bartomeu como la causa principal de su no tan lejana intención de abandonar el FC Barcelona.
 
Hace unas horas, junto a otros directivos entre los que se encuentran al director general del FC Barcelona, Óscar Grau, y el jefe de los servicios jurídicos, Román Gómez Ponti, fueron detenidos Josep Maria Bartomeu y el exdirector del área de presidencia Jaume Masferrer, para ser puestos a disposición de las autoridades encargadas de investigar y gestionar su controvertida conducta al respecto cuando estuvo al frente de la entidad catalana.
 
Siempre insistimos en el riesgo de sentenciar por anticipado cuando las causas no han sido debidamente corroboradas, por ello es prudente basarse sólo en los hechos fehacientes que han llevado a este presente incómodo no sólo para los mencionados directivos, sino para todos aquellos que hicieron la vista gorda ante actos permisivos e impropios que no fueron acallados a tiempo.
 
Amén de Piqué, que sí se quejó del comportamiento en su contra por parte de I3 Venture, la agencia en cuestión contratada por la anterior directiva culé, Lionel Messi se cercioró, sin muchos detalles por entonces, que las culpas apuntaran a Bartomeu como el centro de una campaña con la vista puesta en la destrucción de imagen de gente influyente en el club, entre los que también estaba el candidato a nuevo presidente Joan Laporta.
 
La situación, a decir verdad, si bien deberíamos juzgar las conveniencias de los momentos futuros y adecuados para el FC Barcelona, muestra una preocupación considerable si uno debe calzarse los zapatos de Josep Maria Bartomeu y compañía.
 
Ahora, eso sí, al menos entendemos un poco más de qué se trataban las frases cifradas de Messi cuando se sinceraba ante periodistas como Jordi Évole y Rubén Uría en relación a su situación en el club. Su incómoda postura gestual no se debía sólo a su natural lenguaje de carácter críptico, sino a la clara frustración contenida de silencios que hablaban más que mil palabras.
 

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