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Martín Onti: Arrebato emocional

Darle jerarquía a ciertos nombres del Real Madrid es, decididamente, contraproducente. No sólo para esos futbolistas tratados de repente como dioses, sino para todo el estamento merengue. Deberíamos ir por partes para entender este momento en el que todo parece ser fiesta merecida para un equipo que recién comienza a comprender la temporada.
 
Muchos han sido los inconvenientes que han sobrevolado el Santiago Bernabéu desde la partida de Zinedine Zidane, y muchas también las urgencias de los interesados en que se vuelva a lo reconocible, a lo que se espera de una institución como la que preside Florentino Pérez.
 
Deberíamos ir pausadamente en búsqueda de lo que se pretende conquistar. Es cierto que el Real Madrid ha hecho méritos en la historia para demandar trato y reconocimiento de club considerado, pero, es verdad que las condicionantes de esta temporada no han sido todo lo lógico que siempre se espera del actual campeón de mundo.
 
La salida del técnico francés y de su buque insignia, Cristiano Ronaldo, fueron un acontecimiento que marcó a la entidad de Chamartín, una hecatombe que nadie parece querer asumir. Aún está bajo los efectos de un aletargamiento que intentan disfrazar con ‘bulos’ que algunos no compran porque en su lugar, por suerte, piensan.
 
En la comparación más cercana que se me ocurre para que se entienda la ecuación propuesta, bien podríamos mencionar al enemigo de siempre, ese al que se enfrenta a doble partido por las semifinales de la Copa del Rey, y decir que en la etapa de Josep Guardiola, si el Barça hubiese perdido a Pep y a Messi juntos, de una tacada y con cambio de técnico al mismo inicio de la campaña como ocurrió al Madrid con el caso Lopetegui, entonces sí estaría claro.
 
Pero no, en cambio, el Real Madrid, como en una campaña política, debe lanzar al aire todo el poderío mediático y vender gato por liebre si es preciso. Así, de repente el muy buen jugador que siempre fue Karim Benzema es Alfredo Di Stéfano; un delantero veloz y escurridizo como Vinicius Júnior eclipsa al mismísimo Raúl González Blanco; Santiago Solari, su entrenador, pasa a ensombrecer la figura de Luis Molowny, con el resto completando un equipo de ensueño listo para ganar todo, como en los viejos tiempos.
 
El arrebato emocional condena a la realidad a mantenerse callada, y no es así. Se ha mejorado porque la faceta física de Antonio Pintus está dando resultados, porque se comienza a entender que sólo con la camiseta no se ganan los partidos y menos los campeonatos, que los ajustes llevan su tiempo y que comprender el juego con gente nueva superando conflictos a diario es también parte del fútbol y de un gran equipo.
 
Messi se reincorporó en la tarde del martes a los entrenamientos del Barcelona después de perderse la sesión del pasado lunes por una contractura en el aductor que se produjo en el último partido de Liga ante el Valencia. El argentino ha entrado finalmente en la convocatoria para enfrentarse al Madrid.

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