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Martín Onti: Al-Khelaifi y el fútbol

Atravesamos tiempos que no favorecen mantenerse fácilmente en la cúspide deportiva. El Paris Saint-Germain de Nasser Al-Khelaifi intenta hacerlo a través de la realidad de su dinero o a través de la imposición de su poder económico. Sólo los muy seguros de sus convicciones pueden ‘amenazar’ con revoluciones sustanciales en época de pandemia, allí donde el fin justifica los medios.
 
En compañía de la entidad francesa, los propietarios de los dineros que gobiernan este mundo futbolístico, sea el Manchester City o quien medie en esta escenificación de la riqueza que busca comercializar con el balón, harán valer bajo las actuales circunstancias sus facultades económicas para la conquista de logros, a sabiendas de que una cosa trae la otra y que el objetivo es acumular más poder que el que ya poseen.
 
Encumbrar al PSG en la Ligue 1, la Copa de Francia y toda competición casera, no hace más que jugar a favor de propósitos mediocres teniendo en cuenta lo que hoy significa comparar al equipo de Mauricio Pochettino con el resto de los equipos galos. Las diferencias en la propuesta de ejecución deportiva resultará siempre proporcional a la inversión. De no ser así, estaríamos a las puertas de un verdadero desastre emprendedor y de eso, podemos considerar, Al-Khelaifi está muy lejos.
 
Visto lo visto, nos preguntamos qué se podría esperar del PSG que no sean triunfos para avalar una gestión basada en una inversión remunerada. Las respuestas están dentro del Parque de los Príncipes con sustento en lo que sus vidrieras de trofeos puedan avalar. Todo lo que no sea vencer, no tiene validez de cara a los propósitos trazados desde la manifiesta superioridad financiera en tiempos de mesura.
 
Así podríamos entender este derroche de noticias contradictorias que propulsan desde la capital francesa, donde intenciones avasalladoras y cantidades monetarias que suenan a tragicomedias entre movimientos con pérdidas millonarias, buscan tentar al éxito con una idea confusa de compras y ventas de estrellas donde Lionel Messi, Sergio Ramos y Kylian Mbappé, por ejemplo, van y vienen como si habláramos de azúcar, harina y pan en un paseo por el mercado del barrio.
 
Este parece ser el método, o al menos es la impresión que prima en nosotros, cuando nos enteramos de las intenciones del, hoy por hoy, considerado mejor equipo del fútbol galo. Conformar un plantel de figuras incontestables para obtener la deseada Champions League es la única manera de renunciar a lo que hasta ahora ha sido sólo un imposible, tal cual viene siéndolo desde hace bastante para Al-Khelaifi y su club, y en donde el hecho de considerar jugar una final del torneo europeo más importante de clubes, ya no puede significar acariciar la gloria.
 

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