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Martín Onit: Fútbol en Anfield Road

Lo que vimos ayer en Anfield es lo más cercano que podremos ver de un muy buen partido de fútbol. El Liverpool de Jurgen Klopp y el Manchester City de Josep Guardiola nos ofrecieron una pincelada que deja al descubierto la actualidad más veraz de este deporte. Fue un 2-2 anecdótico desde el resultado, pero trascendental en la realidad futbolística que atañe a este deporte.
 
La Premier League marca, desde hace al menos un lustro, las directrices del juego contemporáneo. En ella se entremezclan todos los conceptos del fútbol y las elecciones se remiten a la inteligencia de sus estrategas para definir, dependiendo del adversario, cómo y cuándo poner de manifiesto las tácticas adecuadas.
 
Pues bien, nadie podrá discutir que en Anfield Road todos los términos confluyeron ayer en un objetivo deslumbrante. Más allá de la victoria influía la esencia del juego, y en ello le iba la planificación a Klopp y a Guardiola. La ejecución era el objetivo, y ya sabemos que la misma está identificada con el triunfo que acerca a la gloria, pero, también a la satisfacción por las formas de conquistar esa gloria, porque no cualquier método vale ya en el mundo del elitismo futbolístico.
 
Ni el Liverpool ni el Manchester City defraudaron desde sus ópticas, fue empate final en las estadísticas, pero fue victoria absoluta del juego en la propuesta. Fue un partido que dejó al descubierto dos alternativas válidas para entender el fútbol. Uno más profundo que el otro en el traslado pero ambos con fines similares en el objetivo de sus técnicos. Velocidad, decisión, fortaleza, destreza y emotividad se unieron a la táctica y a la técnica del juego para buscar la conveniencia de un resultado que no defraudó a quienes disfrutamos con este deporte.
 
El torneo inglés es hoy el que mejor representa la mejor proyección de un fútbol que interesa desde variados aspectos. Todos ellos han sido pensados para que el éxito tenga la certeza de ser conquistado y este expandirse a efectos colaterales. Lo deportivo y lo económico van de la mano de un espectáculo final que asegura la prosperidad de la inversión que se viene realizando desde hace mucho tiempo en la Premier League.
 
Ayer la bienaventuranza fue bondadosa con todos. Con el Liverpool por su profundidad de juego y con el Manchester City por su insistencia metódica; con ambos por la entrega y perseverancia en sus ideas; con quienes se preocupan de que el entretenimiento continúe al alza; con el público que apoyó con entusiasmo uno de los mejores partidos de los últimos tiempos; y con quienes tuvimos la fortuna de verlo. 
 
 

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