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Martín Onti: El punto de no retorno

Existen situaciones en la vida de la humanidad que generan un punto de no retorno. Cuando se ha traspasado un límite, las normas pasan a tener una validez diferente, no digo que para bien o para mal de algo o alguien, pero, eso sí, distintas. Por ende, lo que deviene de allí en más tendrá una perspectiva con puntos de vista más amplios y comunes para ser absorbidos por el común de la gente.
 
Varios podrían ser lo ejemplos, y varios también los campos en los que hacer hincapié, para explicar que una vez transgredida una norma, o lo que se ajusta a ser entendido como tal, lo que llega a continuación tenderá a ser aceptado porque una puerta que se creía cerrada a cal y canto ya ha sido probadamente traspasada. 
 
En Sydney, por el Torneo Tri Nations de rugby que se juega en el hemisferio sur, esta vez y por razones sanitarias con la ausencia de Sudáfrica, jugaron ayer Nueva Zelanda y Argentina. Al más cercano a este deporte no será necesario instruirle mucho más para hablarle de lo que significa un enfrentamiento entre All Blacks y Los Pumas.
 
Sin embargo, inclusive para los avezados conocedores de este juego, se hace oportuno recalcar que vencer a los hombres de negro es algo parecido a escalar el Everest con un equipamiento de nylon y frisa, con calzado de calle, un gorro de lana y con un termo de café caliente para las escalas rumbo a la cumbre deseada. Pues, comprendamos que un sujeto vestido y provisto con esa esencial idea para coronar el Everest, quedaría póstumamente consagrado en la historia del alpinismo.
 
Vale así el ejemplo magnificado, con cierta ironía, para entender que el triunfo de los rugbiers argentinos ante los neozelandeses por 25 a 15, ha sido como plantar la bandera con el logo del yaguareté argentino en el centro del helecho blanco de los All Blacks... y un poco más allá.
 
En el deporte, y para reubicarnos en la realidad del rugby mundial contemporáneo, lograr un objetivo imposible, o casi, es esperanzador para el futuro de quienes consiguen tales logros y traumático para quienes no pueden prever que cruzar el punto de imposible regreso siempre podría encontrarse a la vuelta de cualquier esquina. 
 
Hay un antes y un después de una victoria con temores o de una derrota imprevisible. Mezclas de grados de soberbia y descontadas aceptaciones que no tienen marcha atrás cuando se ha logrado llegar a los extremos. Sólo resta comprender que lo que jamás tendría que haber pasado ya ha ocurrido y que lo anterior nunca volverá a ser lo mismo. Sea esto visto del lado de los victoriosos o de los perdedores, todo habrá cambiado inexorablemente llegado al punto de no retorno.
 

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